jueves, 25 de abril de 2024

5 años con Espondilosis anquilosante

Recuerdo que andaba con Oscar Vallejos y Mauricio Ponce entre Rancagua y Chillan midiendo algunos arbolitos, cuando empezaron a hacerse demasiado evidentes, molestos e invalidantes algunos malestares.

Recuerdo que llegué a duras penas a Talca, hasta que a los pocos días mi cuerpo simplemente estalló, no dio más, casi no me podía mover, los dolores y la angustia de no saber qué te pasa, de darte cuenta que el paracetamol no cura nada, me hacían sentir aún más mal.

Recuerdo haber salido a comprar y que me vio una vecina toda encorvado y con cara de dolor, yendo a hacer los deberes domésticos, hasta que simplemente no pude y llamé a mi Madre, quien llegó lo más rápido que pudo y se quedó conmigo y la Tía, hasta que estuve en condiciones de volver a hacerme cargo de mí y por ende de la Tía madre y mis 2 hermosas cachorras.

En el intertanto un ir y venir a distintos médicos, exámenes de sangre, radiografías, resonancias para descartar enfermedades más severas o confirmar algún diagnóstico, hasta que se llegó a la primera conclusión, no era neurológico, lo que supuso cierto alivio, siguió el ir y ver hasta que se dio con el diagnóstico y por ende con en tratamiento, ¡un saco de pastillas todos los días! y al parecer para todos los días por venir. Eso sin considerar algunos experimentos hechos debido a consejos muy bien intencionados de algunos “médicos brujos”. El que si no hice fue ponerme un pedazo de repollo en la rodilla como me recomendó un taxista, será que nunca he sido bueno para el chucrut.   

No recuerdo haberme sentido solo, porque no lo estuve y no lo estoy. He recibido el cariño y apoyo de la familia, los amigos y colegas. La empatía del desconocido que te cede el asiento, la facilidad de “saltarte” la fila porque te ven con algún nivel de discapacidad, y claro también la incomprensión de uno que otro al que debo yo darle el paso en la calle, en fin hay de todo.

Recuerdo que empecé a mirar más hacia abajo, porque hacia arriba casi no puedo salvo que me ponga de espaldas. Pero al mirar para abajo veo que son lindas las baldosas y los adoquines pero que están rotos, en altura o son resbalosos, la ciudad es inhóspita y parece que algunos se esfuerzan por hacerla aún más y no sólo para mí, para todos, porque tarde o temprano el cuerpo empieza a mostrar las evidencias del desgaste, ese que con cosméticos se disfraza, pero que de todas maneras avanza.

Degenerativa, progresiva e invalidante es la patología que tengo, a ratos muy dolorosa. Entre nosotros, me cuesta aceptar que se le llame patología, porque no veo o no sé que patógeno la produce, es más un tema genético - fisiológico – funcional que parte afectando mi sistema inmune y se manifiesta entre otras cosas con fusión de las vértebras.

Por lo que logré entender llevó años, décadas con esta afección. Ese dolor de espalda, la rigidez en los pies y cuello, el dolor del muslo, que con calorub, ibuprofeno y paracetamol se quitaba, no serían más que las primeras evidencias de lo que iba a venir más adelante, y que bien pudo pasar que no se activara, pero latamente lenta y silenciosamente lo hizo. ¿Quién consulta al médico por un dolor de muslo que un analgésico quita? Talvez yo debí hacerlo y quizá si hubiese ido me habrían recetado analgésicos y calmantes porque la verdad los síntomas son bien comunes y compartidos con otras afecciones.  

Hace días que quería hablar de esto, esto que empezó hace 5 años, coincidió con los terribles incendios forestales, el desastre de Santa Olga incluido y bueno acá estamos, aceptando cada día que no moriré de esto, pero si lo haré con esto, con Espondilosisanquilosante

23.01.2022

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