miércoles, 14 de enero de 2026

Heredarán la tierra

De verdad me cuesta comenzar a escribir, hay inquietudes y temores, confieso que más que pensar en cómo escribir, empezaré a divagar sobre algo que me da vueltas desde hace tiempo y más con acontecido en Venezuela y días siguientes.
Pensar sobre lo que está pasando en el país, que pronto tendrá cambio de gobierno que trae de la mano un drástico giro en la manera de entender el mundo, lo diré con palabras lindas, “una cosmovisión diametralmente opuesta” .Y en el mundo... y el mundo que cada día parece convulsionarse más sumido en vientos de guerra que no es la que esperaría, contra el cambio climático y las hambrunas, sino entre los egos de líderes autócratas. 
Así poco a poco América toda empieza a sentir el temor a lo que pueda o no hacer un poderoso señor de dorado cabello.

Y así fue como de las antiguas bravatas entre mandatarios se pasó a las ya eternas luchas de argumentos para luchar contra al delincuencia y el crimen organizado y la maliciosa batalla contra la migración que más que ayudar terminan encendiendo más aún la flama de la xenofobia, odio al fin y al cabo, odio que termina desbordando más allá de la fuente que en un principio lo originó es decir hacia todo aquel que consideran distinto e inferior, en una retórica que raya en el fascismo que tanto dolor provocó en el siglo veinte.

Y si a eso le agregamos que, para algunos, volvió a aparecer el rojo fantasma de la URSS, invocado una y otra vez como explicación fácil de todos los males, el cuadro se vuelve aún más absurdo. Porque ese temor selectivo convive sin pudor con la aceptación acrítica de una China oficialmente comunista, omnipresente en la economía global, con la que nadie en el Occidente subdesarrollado parece tener mayores problemas. Así, el miedo deja de ser ideológico y pasa a ser instrumental, parte de un espectáculo del cual los espectadores, una vez más, saldremos muy decepcionados.

Hasta hace unos meses pensaba que la mayor amenaza que como humanidad teníamos es el cambio climático, la eterna displicencia de poderosos a enfrentarlo porque buena parte de su riqueza la generan sin miramientos ambientales de ningún tipo, como si fueran inmunes a las consecuencias del daño que hacen. En general mis temores van hacia el poco respeto que por nuestro entorno tenemos, basura en las calles, parques, cerros y mejor no sigo. La llamada casa de todos que en solo 400 años nos hemos encargado de hacer trizas a tal punto que mucho del daño me temo ya es irreversible.

Y la última expresión de muchos de mis miedos, el negacionismo, climático, sobre el holocausto, las violaciones a los derechos humanos, los efectos de las vacunas, pero sobre todo el climático. Negar la realidad no la hace desaparecer, solo la vuelve más peligrosa

Cada cierto tiempo me acuerdo del villano de la primera Aquaman, el cual “le devuelve a la superficie barcos hundidos y toda la basura que desde siempre hemos arrojado a los océanos – ríos y lagos no se salvan – “ como antesala de un pacto entre los reinos para atacar la superficie del planeta y borrar a los humanos de esta. Y hasta sería romántico que fuera así, que las especies se rebelaran contra los humanos y ellas se encargaran de extinguirnos.

Pero no, como especie – una parte de ella al menos – somos tan soberbios que queremos ser nosotros mismos los que mandemos a ejércitos de drones y soldados a acabar con enemigos de nuestro ego, de nuestras creencias religiosas, ya ni siquiera es porque la población de un determinado territorio crece mucho y necesita de más espacio y más recursos, fuese así otros serían los países que estarían en afán de conquista, muchos de los llamados tercermundistas, países que hoy sabemos fue dónde los primates se pusieron de pie y terminaron originando nuestra especie.

Y la prueba de ello está en la cantidad de guerras que desde la segunda guerra mundial se han desarrollado en el planeta, entre 280 y 350 desde 1946 a la fecha. Mientras en Rusia amenazan cada vez con más frecuencia de la destrucción del mundo si ellos se ven atacados – olvidando que ellos empezaron – y que un mundo sin ellos no sería mundo por lo que no dudarían en destruir todo.

Tengo mis años, parte de mi formación fue apoyada por el Icarito que salía en el diario La Tercera, y aún recuerdo una de sus portadas que decía “Heredarán la tierra” con la imagen de un hongo nuclear y saliendo de ellos unas cucarachas , que confieso no son mis diminutos – así le digo a los insectos – favoritos, pero valga como para decir que la autodestrucción de la humanidad, por egos, por se caen mal, por la fe, por combustible, por agua, porque comen pizza con piña, dejará el camino libre para criaturas quizá sin sentimientos guiadas solo por el instinto de vivir en un mundo que ellos sí saben prestado.

Y luego me pregunto ¿por qué ando tan nervioso ?

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