sábado, 15 de marzo de 2025

Inteligencia Artificial: El Doble Filo de la Información

Recuerdo cuando empezaba a masificarse el internet. Citar un “paper” o algo parecido en un trabajo de la universidad era extraño; la información era considerada poco creíble por parte de docentes muy tradicionales. La gran mayoría prefería citas de libros o papers en formatos tradicionales. Evitar el copiar/pegar era la premisa. Se hicieron normas nuevas para los manuales de estilo de memorias/tesis y cualquier trabajo que necesitara de una revisión bibliográfica o estado del arte, como les dio por llamarla luego. Había que poner hasta el día en que fue consultada la fuente.

Convengamos que en esos tiempos, publicar un documento en la red era solo un enlace para descarga, o bien había que enviarlo para que un programador lo pasara a HTML. El tiempo hizo que internet se masificara primero en las universidades, empresas, reparticiones públicas y luego en casi todas partes y en cosas impensadas 10 años atrás. Poco a poco, ver y publicar cualquier cosa en internet se hacía más sencillo, pero no podía hacerlo cualquiera, ya que además de entender algo de HTML, había que asumir el costo de un servidor de hosting y el "nombre de dominio". Aparecieron entonces algunas plataformas que ofrecían hosting gratis, como "Geocities", y claro, los correos electrónicos gratuitos: la era de Hotmail y el MSN. Dicho sea de paso, el correo electrónico está vigente ¡aunque no lo crean!, hasta el día de hoy y por muchos años más. Gran parte de los teléfonos de hoy necesitan de uno en particular para funcionar. ¿Les suena Gmail?

Poco a poco, los medios tradicionales —enciclopedias, canales de TV, periódicos, etc.— empezaron a migrar a la red. La información comenzó a fluir y a acumularse a una velocidad nunca antes pensada. Pienso que una de las fuentes de desinformación es la acumulación sin clasificación alguna de ella. Apareció entonces una nueva herramienta para difundir pensamientos, ideas, conocimiento, verdades, mentiras, entretenimiento y, ciertamente, un espacio donde hacer negocios.

Cuando apareció Wikipedia, esta era mal vista por los medios más tradicionales. Era la competencia directa a las enciclopedias en papel. De cierta manera, denominarse como una "enciclopedia libre" suponía acceso ilimitado a la piedra angular del desarrollo de las sociedades humanas: el conocimiento. Fue un duro golpe para los demás, que no tenían una declaración base. ¿Acaso Encarta, la Salvat no era libre? Es más, me pregunto hoy: ¿el Libro Gordo de Petete no era libre? ¡Qué horror! Wikipedia no era ni es un medio tradicional y comenzó siendo muy democrática, ya que se confiaba en la buena fe de muchos editores, en que lo publicado sería real, la verdad, y solo la verdad. Sabemos que en un principio no fue así, y hasta el día de hoy se escapan cosas, como todo en la vida. Fue muchas veces la plataforma en la que algunos levantaban mentiras, las famosas "fake news", o verdades a medias. Hoy ello está bajo control. ¡Ya quisiéramos eso de Facebook, X, Twitter y otras plataformas de hoy, que carecen de control para filtrar, detectar y eliminar lo que no corresponde! El clic paga, y muy bien.

Las noticias falsas, "fake news", creo que han existido desde el comienzo de la civilización. La manipulación de la información o la creación de falsas verdades para tener cierto o total control de las personas también. Grupos de poder las necesitan para mantenerse en la cima. La manipulación de los medios llega a tal punto que se hace funcional a intereses geopolíticos, como lo que vemos hoy con Israel en Gaza, Rusia en Ucrania, USA en donde Trump despierte con ganas de meterse y, en el caso de Chile, basta con solo el doloroso ejemplo del quiebre democrático de 1973 y el dolor que hasta hoy sentimos como nación.

La aparición de las redes sociales, su masificación y lo poco que filtramos lo que vemos en ellas, se han convertido en verdaderas armas de difamación masiva de adversarios, que derechamente son tratados como enemigos por los autodenominados “buenos”.

En los últimos años, las dudas han surgido sobre el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial, que va más allá de los ChatBots. Yo uso uno de ellos para corregir las notas de este blog y para cotejar información de la cual tengo un conocimiento base, en general, sobre plagas forestales. Decía, va más allá de los Chatbots, ya que sus aplicaciones en el desarrollo de las ciencias y la técnica han estado con nosotros mucho más tiempo del que nos damos cuenta. La manera en que Google filtra la publicidad es una de ellas, los algoritmos que regulan los semáforos, otra, y así.

Hoy, en esta nueva era de la información, la inteligencia artificial (IA) no solo facilita el acceso y procesamiento de datos, sino que también se encuentra en el centro de la polémica sobre quién controla lo que sabemos, lo que creemos y lo que nos dicen. Se presta, hasta para crear realidades parcial o totalmente falsas: información artificial, que apoya causas que, a mi modo de ver, son oscuras o, dicho de otra manera, reñidas con la ética, la moral, la libertad. La IA se pone al servicio de grupos de poder. ¿Vieron el video de Gaza según Trump y Musk? ¿Acaso no es la expresión de un sueño patético que solo personas con poca ética serían capaces de siquiera soñar?

Entonces, ¿por qué temer a la inteligencia artificial? ¿Por qué es nueva? No. ¿Por qué nos ayuda a todos? No. Aunque creo que no toda la información debe ser accesible para todos, hay información sensible para las naciones, empresas y familias. Acaso, ¿nos dicen desde niños cómo venimos al mundo? Ya saben, “el cuento de las abejitas”. Pienso que lo que hizo Assange es peligroso, lo que hizo Trump cuando finalizó su primer período también lo es.

Entonces, ¿por qué temerle? Porque la inteligencia artificial es, al final del día, una herramienta. Hoy, la Inteligencia Artificial no solo filtra la información, también la crea, la distorsiona y, en muchos casos, la pone a prueba. Pero más allá de los temores y las dudas, es una herramienta poderosa. Si se maneja adecuadamente, puede abrir nuevas puertas, pero su verdadero riesgo radica en cómo y por qué elegimos usarla. Quizás el problema no sea la Inteligencia Artificial en sí misma, sino nuestra capacidad para manejarla de manera ética. Al final del día, es como un martillo: en manos correctas puede ayudarnos a construir, mientras que en manos equivocadas, puede destruir.

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