La CONAF, esa corporación que, siguiendo el impulso de lo que se llamó el Plan de Reforestación de Colchagua, desde su creación en 1970 manejó tanto el recurso forestal como la conservación de nuestros parques y áreas protegidas, llega al fin de su trayecto. Durante décadas, realizó funciones cruciales, pero también cargó con cuestionamientos debido a su estructura jurídica, que no le permitía ser realmente un actor público con el peso que el medio ambiente y la actividad productiva con sustento en los bosques de este país necesitan. No se trataba solo de plantar árboles o combatir incendios, sino de estructurar políticas públicas que realmente impactaran en el cuidado de nuestros bosques y ecosistemas.
Claro, también hubo episodios considerados por algunos como oscuros, como su rol en la privatización de activos forestales durante la dictadura, donde grandes intereses se vieron favorecidos a costa de comunidades locales y pueblos originarios. Sin ir más lejos, hasta el día de hoy sectores ambientalistas culpan al DL 701 de muchos de los males ambientales de Chile, como la mayor incidencia de incendios forestales. La CONAF, como institución, nunca terminó de despegar del todo, porque sus raíces no fueron lo suficientemente firmes.
Ahora, con la creación de SERNAFOR, hay una nueva oportunidad de mirar hacia adelante. Este nuevo servicio promete una estructura más sólida, con mayores atribuciones y una capacidad fortalecida para fiscalizar y coordinar políticas ambientales. Es un cambio que se percibe como necesario, pero que, al mismo tiempo, plantea preguntas: ¿será suficiente para enfrentar los desafíos actuales del sector forestal en Chile? ¿Podrá SERNAFOR finalmente ser un organismo realmente eficiente y justo para todos los actores involucrados?
No sé si el cambio es el remedio o solo la fachada de un sistema que, como el de la CONAF, podría terminar siendo una nueva cara de los mismos problemas. El futuro dirá si este nuevo organismo será capaz de manejar los recursos y la protección ambiental con la seriedad que este país necesita, o si caerá en las mismas trampas del pasado.
Lo que sí es claro es que este cambio es reflejo de algo más grande, algo que tenemos que seguir discutiendo como sociedad: nada menos que cómo vamos a gestionar nuestros recursos naturales sin perder de vista el bienestar de las personas y del planeta. Como siempre, la transición tiene luces y sombras, y el tiempo nos dirá en qué dirección tomará SERNAFOR.

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