miércoles, 7 de mayo de 2025

Humos al…

“…norte, cuentan”, dijo un vigía de la Covadonga cuando amanecía aquel histórico y heroico 21 de mayo. Yo digo: humos al norte, al sur, al este y al oeste. Parafraseo lo que bien podría describir un día cualquiera de la extensa temporada de incendios forestales que, con el tiempo, hemos naturalizado en Chile. Y creo no equivocarme al decir que también ocurre en decenas de países más. Un flagelo contra el que solo tenemos respuestas, pero al parecer, ninguna solución.

A pesar de lo que a algunos les gustaría, el otoño ya se ha instalado, dejando lluvias y frío en el sur, y frío en la zona central del país. Esto nos lleva a todos a buscar la mejor manera de calefaccionar nuestras casas. Algunos optan por climatizadores; otros, por estufas a gas o parafina; también están quienes prefieren chimeneas o estufas a leña, o sus derivados: los famosos pellets.

Ya establecido el otoño, cada día —y poco antes de que el frío arrecie— comienza el ritual del encendido o la recarga de estos benditos artefactos que prometen confort cuando la familia vuelve a casa. Poco a poco, las viviendas se empiezan a temperar, al mismo tiempo que de algunas de ellas comienza a emanar lo que podríamos llamar calor de hogar: el olor a once en familia.
Lamentablemente, también empieza a salir —e inundarlo todo— el humo de las chimeneas. Un humo de olor fuerte, que irrita las mucosas nasales y los ojos. Un humo que, en teoría, no debiera hacer eso, porque se supone que las estufas están en condiciones óptimas, quemadores y mechas que queman bien, que chimeneas (por donde difícilmente entra el Viejo Pascuero) están limpias y, sobre todo, no obstruidas, y que la leña —sea de eucalipto o de bosque nativo— es certificada y proveniente de un plan de manejo en regla.

Datos Que No son Humo – Parte 1

Chile: Líder en muertes atribuibles a la contaminación del aire
• Tasa de mortalidad más alta en Sudamérica: Según el estudio Lancet Countdown Sudamérica, Chile lidera la región con 240 muertes por millón de habitantes atribuibles a la exposición sistemática a la contaminación del aire, superando a Perú, que ocupa el segundo lugar.

Entonces, ¿por qué ese humo? ¿Por qué ese olor que se impregna en la ropa de todo aquel que osa salir de su casa a comprar, a hacer deporte —arriesgadamente— o que regresa después del colegio, del trabajo, o de donde sea que venga?

¿Será que no toda la leña viene de bosques con planes de manejo? ¿Será que aún circula leña proveniente de talas ilegales, de bosques que no veremos más? ¿Será que no está realmente seca?
¿O será simplemente que, aunque venga con todos los papeles, quemar madera sigue siendo una forma de contaminación que hemos malamente normalizado?

Cabe mencionar que en algunas zonas del país, el aprovechamiento de leña de eucalipto responde también a medidas fitosanitarias. Plantaciones afectadas por plagas como el Gonipterus platensis —un insecto defoliador del complejo antes atribuido a Gonipterus scutellatus— o el Phoracantha semipunctata, conocido como barrenador del eucalipto, pueden ser intervenidas para evitar la propagación de estos insectos. En particular, Phoracantha deteriora internamente la madera, dejándola inutilizable para la industria y relegándola a usos como la leña.

Este tipo de extracción, cuando es regulada y parte de un plan de manejo forestal, puede tener un sentido sanitario. Pero incluso en estos casos, si la leña no se almacena de forma correcta y se quema húmeda, su aporte a la contaminación del aire sigue siendo alto. Muy alto.

Porque lo cierto es que ese humo, el que flota bajo las luminarias de los barrios, el que entra por rendijas y ventanas, es el mismo que respiramos.
Lo respiran los niños, lo respiran los adultos mayores, lo respiran quienes padecen enfermedades crónicas. Lo respiran también nuestras mascotas, que no pueden abrir ventanas ni elegir cuándo salir.
Y a veces lo respiramos sin saber que nos hace daño, o peor aún, sabiendo que nos hace daño pero sin poder evitarlo.

Datos Que No son Humo – Parte 2

Episodios críticos
• En 2023, Talca registró varios episodios críticos de contaminación, con niveles de PM2.5 que superaron los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).


La leña puede ser parte de la cultura del calor de hogar, del fogón, del encuentro. Pero también es parte del problema cuando el aire se vuelve irrespirable, cuando los índices de contaminación se disparan y las autoridades deben decretar preemergencias o emergencias ambientales, que a veces no se cumplen o simplemente no se fiscalizan.

Y entonces aparece esa doble paradoja: bosques que desaparecen para dar paso a leña "barata", y ciudades que se ahogan en su propio humo buscando calor.
Nos calefaccionamos quemando lo mismo que deberíamos cuidar: nuestros árboles. Respiramos aire sucio, mientras hablamos de salud y medio ambiente como si fueran asuntos separados.

No se crea que pienso que toda la leña está mal. El manejo de algunos bosques, eucaliptus y algunas especies nativas como el hualo, pueden ser una alternativa, no solo para quien produce, sino para quien lo requiere, sobre todo en zonas rurales, donde acceder a gas o parafina es más difícil.
Pero, de todas maneras, me hace ruido ver en tiendas leña de bosques naturales, y más ruido aún ver cómo en las calles se oferta leña de eucaliptus que me atrevería a decir que seca, no está.
(Ojo: no puedo tirar la primera piedra, disfruto de un asado cuyas llamas consumen leña.)


Datos Que No son Humo – Parte 3

Impacto en la salud de las mascotas
• Efectos respiratorios: Las mascotas, especialmente perros y gatos, pueden sufrir problemas respiratorios debido a la exposición al humo de leña, incluyendo tos, dificultad para respirar y mayor susceptibilidad a infecciones pulmonares.


Se supone que existen políticas públicas para evitar esto.
Se supone que hay normas, fiscalización, incentivos a energías limpias, control de emisiones, programas de educación ambiental.
Pero si el humo sigue ahí, si lo respiramos todos los otoños e inviernos —niños, adultos, mascotas—, si seguimos enfermando mientras creemos que es normal, ¿no estamos entonces frente a un nuevo fallo de la autoridad?

Un fallo que no solo se mide en cifras o resoluciones, sino en pulmones irritados, fragmentación de bosques, en ciudades grises que se resignan al humo.
Y quizás también, en esa peligrosa costumbre de aceptar lo insalubre como parte del paisaje.

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