La lluvia es agua, el agua moja, y cuando estamos mojados nos resfriamos y eso es malo, pero que el resfrío sea malo no hace que la lluvia también lo sea. La lluvia es agua y esta cuando se acumula forma pozas que al ser “pasadas a llevar por un vehículo” puede mojar a los peatones que están en la acera y eso es malo, que el conductor del vehículo sea un tarado no hace que la lluvia sea mala; La lluvia moja y puede anegar casas. Que esas casas no tengan mantención adecuada no hace que la lluvia sea la mala de la historia. Pero tampoco se trata de culpar ciegamente a quien vive ahí. Hay gente que quiere reparar, que sabe que su techo gotea, que ve cómo el agua sube por la pared… pero no tiene con qué. Y cuando falta el dinero, cuando el Estado no aparece o solo lo hace después del desastre, el problema deja de ser individual y pasa a ser político, estructural. El deterioro no siempre es abandono: muchas veces es pobreza. La lluvia lo único que hace es recordarlo. Que agua lluvia se acumule y no infiltre no la hace mala, malas son las ciudades.
Veo el proyecto de remodelación de la Diagonal Isidoro del Solar y lo primero que salta a la vista es más cemento. Probablemente sumen árboles —siempre lo prometen—, pero si el agua no infiltra, se acumula. Y cuando eso pase, no culparán al diseño ni al municipio, culparán a la lluvia. Es la cadena absurda de siempre. Lo cierto es que esa zona de Talca no necesita un rediseño lleno de pavimento nuevo ni bancas “modernas”, necesita una buena mantención: árboles que se conserven, pavimentos que se reparen, desagües que funcionen, suelos que respiren. Pero eso no luce en los renders. Que se destinen $1.500 millones —unos 1,5 millones de dólares— a embellecer una avenida céntrica puede no parecer mucho, pero dice bastante sobre dónde están las prioridades: más cemento, más escurrimiento, menos suelo vivo.
Y luego, cuando el agua inunde o moleste, otra vez, la culpa será de la lluvia.
Además, la densidad poblacional en muchos sectores urbanos agrava estos problemas. Cuando las ciudades están sobrepobladas, con pocas áreas verdes y deficiente infraestructura, no solo la lluvia genera estragos, sino también otros elementos del clima que se intensifican: olas de calor que aumentan la sensación térmica, vientos que arrasan sin obstáculos, y sequías que golpean más fuerte por la falta de gestión del agua. Así, el problema no es solo la naturaleza, sino cómo la urbanización mal planificada expone a las personas a estos riesgos.
Un último factor, pero no menos importante, es que muchos sectores periféricos carecen de sistemas adecuados de evacuación de aguas, lo que multiplica los riesgos de inundaciones y anegamientos. A esto se suma la escasez de vegetación que favorezca la infiltración del agua lluvia, dejando al suelo desnudo y sin capacidad para absorber el exceso hídrico. Estas deficiencias no solo exponen a las personas a los daños directos, sino que también dificultan la recuperación ambiental y urbana posterior.
Lo que falta no es dinero. Falta perspectiva.
Porque una ciudad bien diseñada no combate la lluvia: convive con ella. Y también con su ausencia.
Una ciudad bien pensada se deja mojar, se deja secar… sin que nadie salga perdiendo.
Nota al pie:
¹ "No tiempo" como forma de evocar poéticamente un momento anterior a la noción humana del tiempo: el origen natural de las cosas, antes de relojes, calendarios y pronósticos.

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