La cobertura del deporte femenino en Chile refleja un problema profundo: el machismo arraigado en el periodismo deportivo y en las propias estructuras del deporte nacional.
A pesar del talento y los logros de nuestras atletas, la atención mediática sigue siendo desproporcionadamente inferior a la que recibe el deporte masculino —especialmente el fútbol—. Esto no es solo percepción, es una realidad palpable con consecuencias significativas.
Los datos son elocuentes: estudios indican que las mujeres solo son sujeto noticioso en un 5,11% de las coberturas deportivas, frente a un 92,24% dedicado a los hombres. Mientras el fútbol masculino llena horas de análisis, incluso por temas triviales como el corte de pelo de un futbolista, los logros de atletas chilenas pasan desapercibidos.
En eventos internacionales como Wimbledon, la diferencia es evidente: extensos análisis para el campeón masculino y apenas una mención superficial para la campeona femenina. Esta desigualdad se observa incluso en noticieros conducidos por mujeres, lo que demuestra cuán arraigada está esta cultura en los medios.
Si bien la Copa América Femenina o los Mundiales de "La Roja" femenina reciben cobertura, esta suele ser puntual y reactiva. No existe un seguimiento constante de las ligas locales, las jugadoras ni su preparación para otros torneos. Falta una inversión sostenida en la visibilidad del deporte femenino.
Cuando el deporte femenino logra aparecer en los medios, muchas veces se aborda desde la anécdota o el conflicto, sin la profundidad de análisis que se dedica al fútbol masculino. Esto desvaloriza el esfuerzo y profesionalismo de las deportistas, reduciéndolas a notas aisladas.
Esta invisibilidad y trivialización tienen consecuencias:
Menos patrocinio y apoyo: Sin visibilidad, es difícil que las deportistas atraigan recursos.
Falta de referentes: Las niñas no ven modelos a seguir, lo que limita sus aspiraciones.
Interés manipulado: Si los medios no muestran el deporte femenino, el público no lo conoce ni lo valora.
La responsabilidad no recae solo en la prensa. ANFP, clubes y canales de televisión perpetúan esta desigualdad. La “profesionalización” femenina responde más a la obligación legal (Ley 21.436) que a una convicción real. Los clubes ofrecen sueldos precarios, condiciones deficientes y ni siquiera permiten que las futbolistas jueguen en los mismos estadios que los hombres.
La televisión, tanto abierta como de pago, también contribuye al problema. Hay canales deportivos que transmiten durante todo el día, sin dedicar espacio real al deporte femenino. Incluso en paneles “paritarios”, la conversación sigue centrada casi exclusivamente en varones.
El caso de TVN, el canal público, es sintomático. Transmite la Copa América Femenina, pero solo algunos partidos, principalmente de la selección chilena. Los estadios vacíos parecen más excusa que reflejo de la realidad. La cobertura estatal tampoco escapa al sesgo: basta recordar el noticiero matinal comentando Wimbledon, donde el periodista deportivo emitió juicios poco ecuánimes y despectivos hacia las deportistas. Tristemente, esto se repite en todos los canales nacionales.
Es hora de exigir un periodismo deportivo con perspectiva de género y una cobertura justa:
Mayor inversión y cobertura constante.
Narrativas serias y equitativas.
Transmisiones regulares y en horarios dignos.
Capacitación para eliminar sesgos.
Exigencia ciudadana activa.
El
talento y la dedicación de las deportistas chilenas no requieren
favores ni caridad: necesitan respeto y espacio.
Si el
periodismo deportivo chileno quiere dejar atrás la etiqueta de
“machista”, debe reflejar toda la riqueza y diversidad del
deporte nacional.
Investigación base realizada con Gemini

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