domingo, 19 de octubre de 2025

Parásitos vs. Patógenos: La Peligrosa Metáfora que Simplifica el Debate Político

En el debate público sobre las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2025 ha aparecido una metáfora que, a primera vista, impresiona: algunos funcionarios públicos serían “parásitos del Estado”. La lanzó Cristián Valenzuela ensu columna, y como ingeniero forestal que ha tenido el honor de enseñar sanidad forestal en la UTALCA y la UCM —honor que creo compartir con muchos colegas— no pude evitar recordar un viejo corolario que solía usar para explicar cómo funcionan ciertas relaciones en la naturaleza:

“Todo patógeno es un parásito, pero no todo parásito es un patógeno”.

La diferencia es simple pero profunda: un patógeno enferma y muchas veces mata al huésped; un parásito se beneficia de él, pero rara vez lo destruye, pues necesita que este sobreviva.

El concepto biológico se vuelve aún más complejo si introducimos al saprofito: un organismo que no necesita atacar tejidos vivos (como el parásito), sino que se alimenta de la materia orgánica muerta o en descomposición. En el Estado, esta metáfora apunta a quienes se aprovechan de la burocracia inerte y el gasto inútil, prosperando no por atacar, sino por vivir de la decadencia. Así, el espectro de crítica va:

  • Patógeno: Mata al Estado (daño virulento).
  • Parásito: Vive a costa del Estado vivo (daño crónico).
  • Saprofito: Vive de la podredumbre del Estado (aprovecha la inercia).

Simbiosis: Entendiendo la Naturaleza de las Interacciones

El parasitismo es solo un tipo de simbiosis, que significa la interacción estrecha y persistente entre organismos distintos. Estas relaciones pueden ser beneficiosas, perjudiciales o neutras.

  • Mutualismo (Beneficio + / Beneficio +): Ambos organismos se benefician.
    • En función pública: Funcionarios que mejoran activamente los servicios.
  • Comensalismo (Beneficio + / Sin efecto 0): Uno se beneficia, el otro no se ve afectado.
    • En función pública: Funcionario que cumple su rol estándar por un sueldo justo.
  • Parasitismo (Beneficio + / Perjuicio -): Uno se beneficia a costa del otro.
    • En función pública: Casos de corrupción o abuso de recursos.

Otras Interacciones: Cuando la Política se Vuelve Ammensalismo o Depredación

Existen otras interacciones que ayudan a pensar relaciones complejas en la política:

  • Ammensalismo (Sin efecto 0 / Perjuicio -): Una especie es perjudicada mientras la otra no se ve afectada. En política: Parlamentarios que bloquean la reelección de sus correligionarios, sin que nadie más gane nada.
  • Competencia (Perjuicio - / Perjuicio -): Ambas especies se perjudican al competir por el mismo recurso. En política: Varios candidatos de un mismo partido dividiendo votos y debilitándose mutuamente.
  • Depredación/Herbivoría (Beneficio + / Muerte/Perjuicio Severo -): Un organismo mata y consume a otro. En política: Campañas sucias y ataques mediáticos que anulan a un adversario etiquetado como “enemigo”.

El Riesgo del "Corte de Raíz": Por Qué No Todos los Funcionarios Son Patógenos

Aquí está el meollo: llamar “parásitos” a todos los funcionarios públicos es tentador, pero peligroso. Sí, hay corrupción, ineficiencia y personas que actúan a costa del Estado. Eso es innegable. Pero la mayoría de quienes trabajan en el Estado no son patógenos. Son médicos que salvan vidas, profesores que forman generaciones, policías y militares que sostienen la seguridad, y muchos otros que mantienen la máquina funcionando.

Si bien existen elementos que pueden considerarse parásitos —corrupción, abuso de recursos, burocracia ineficiente—, la retórica política muchas veces busca etiquetar a todo el ecosistema como patógeno para justificar soluciones radicales: el famoso “corte de raíz”. Esto ignora que la mayoría de los funcionarios forman parte de relaciones de mutualismo o comensalismo esenciales para la sociedad. Transformar esta metáfora en un juicio generalizado sobre todas las personas que trabajan en el Estado no solo es injusto, sino que simplifica un sistema mucho más complejo.

Dos puntos críticos refuerzan esta idea:

  1. La simplificación: La metáfora del parasitismo es reduccionista. El Estado no es un solo “cuerpo” simple como un organismo biológico; es un sistema complejo con múltiples funciones —educación, justicia, defensa, salud— que interactúan de formas diversas y a veces inesperadas.
  2. La omisión: Al centrarse en el parasitismo (+/-), se dejan de lado otras formas de simbiosis vitales como el Mutualismo y el Comensalismo. La mayoría de la burocracia es necesaria; puede ser ineficiente, lo que es una crítica válida, pero no necesariamente parasitaria, pues esto implica un perjuicio activo.

El Matiz Irónico Genial: La Deconstrucción del Saprofito

La ironía más profunda de este debate reside en la figura del saprofito. Si el columnista afirma, con razón, que el Estado está “podrido” para justificar una cirugía radical, está, sin querer, dándole un papel central a los saprofitos.

  • La Paradoja Biológica: Los saprofitos son los agentes del reciclaje. Se alimentan de lo muerto, y al hacerlo, evitan que la materia orgánica inerte asfixie al ecosistema. Biológicamente, son un mal necesario para la renovación de la vida.
  • La Ironía Política: Al usar la metáfora de la podredumbre, el crítico admite que existe una vasta materia muerta (burocracia inerte, ineficiencia histórica). Los supuestos "saprofitos" políticos prosperan en este entorno, y su eliminación sin sanear la "materia podrida" solo dejaría al sistema aún más estancado bajo el peso de sus propios desechos.

La acusación de ser un "saprofito" es irónica porque la verdadera crítica no es que existan, sino que el sistema haya generado tanta materia muerta que sea una forma viable de vida.

Mirar el Ecosistema Completo

Pensar la política como un ecosistema permite analizar interacciones, beneficios y perjuicios sin caer en etiquetas deshumanizantes. La crítica más útil apunta a estructuras y procesos, no a demonizar personas.

Al final, el Estado funciona porque existen relaciones de colaboración y apoyo mutuo que sostienen la vida colectiva. Ignorar esto y reducir todo a “parásitos” es como mirar un bosque y quedarse solo con las pulgas del perro que pasea por él: se pierde de vista todo lo demás. La política, como la naturaleza, es compleja, diversa y delicadamente equilibrada. Entenderla exige más que etiquetas fáciles: exige mirar el ecosistema completo, y sobre todo, no confundir a los trabajadores honestos con los verdaderos patógenos.

 

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