miércoles, 5 de noviembre de 2025

El egoísmo de Bill Gates - la otra cara del cambio climático -

Bill Gates señaló recientemente que el cambio climático no acabará con la humanidad, y es probable que tenga razón: la especie humana ha demostrado una enorme capacidad de adaptación.

Sin embargo, esa afirmación olvida que este planeta no lo habita solo la humanidad; hay miles, cientos de miles, quizá millones de especies que coexisten con nosotros y que, por nuestra culpa, se extinguirán.

Cada bosque, cada humedal, cada valle, cada cordillera albergan las más variadas formas de vida que no pueden adaptarse al ritmo que imponemos. La evolución de las especies es un proceso lento, y cuando una desaparece, otra ocupa su espacio vital de manera natural. Pero ese ciclo hoy está siendo interrumpido por nuestras acciones.

Hoy mientras discutimos cómo hacer más resilientes nuestras ciudades, muchas especies desaparecen en silencio. Para ellas, el cambio climático no es un desafío futuro: es una sentencia de muerte a la que no pueden apelar.

Desde la cortoplacista mirada humana, podemos hablar de innovación, inversión y tecnología. Desde la mirada del resto de la vida, lo que ocurre es una pérdida profunda, difícil de revertir.

Tal vez la pregunta no sea si la humanidad sobrevivirá, sino qué quedará del mundo que hace posible nuestra existencia.
Quizá la humanidad pueda resistir el cambio climático, pero para que eso ocurra debe asegurar la existencia no solo de los animales y vegetales de los cuales depende, sino también de las criaturas que silenciosamente interactúan con ellos y con nosotros.

No pensé jamás que me atrevería a contradecir a Bill Gates, pero me temo que esta vez no tiene toda la razón.

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