Los
Juegos Parapanamericanos Juveniles en Santiago fueron un claro ejemplo. Más de
1.100 jóvenes para deportistas de 27 países compitieron en 13 disciplinas
deportivas adaptadas, mostrando no solo talento sino también resiliencia y
sueños. El evento movilizó a miles de escolares y contó con una inversión
estatal cercana a 3.200 millones de pesos, evidenciando el compromiso público
con este deporte inclusivo y su desarrollo. Chile fue protagonista, batiendo
récords históricos en el medallero con 89 medallas (25 de oro, 32 de plata y 32
de bronce), reafirmando el avance y preparación de sus jóvenes atletas
paralímpicos. Sin embargo, fuera del espacio competitivo, la cobertura en
noticieros centrales y televisión abierta fue mínima, casi un mal chiste en un
país que celebra la inclusión a través de la Teletón.
En
el deporte convencional, el calendario se mantuvo nutrido con campeonatos
nacionales de atletismo, circuitos master, ciclismo, rugby y fútbol, aunque
salvo excepciones, estas historias tampoco obtuvieron espacio relevante en la
pauta mediática nacional. En contraste, Chile organizó tres megaeventos
internacionales: el Mundial Sub-20 de fútbol, el Mundial de Ciclismo de Pista y
una fecha del Rally Mundial en Biobío. Estos lograron cobertura más amplia,
pero con marcadas diferencias entre disciplinas y sin lograr sostener presencia
en los titulares más allá de las semanas de competencia.
También
se llevaron a cabo los Juegos Binacionales Chile-Argentina en la región del
Maule, reunieron a cerca de 1.800 atletas juveniles en una fiesta del deporte y
la integración. Pero como en el caso de los Parapanamericanos, tuvieron escasa
visibilidad en medios nacionales, confinados a fragmentos breves o a las redes
sociales.
Este
silencio acumulado no es casual. Mientras la prensa dedica minutos a la
anécdota de Alexis Sánchez lesionado —un gesto humano, sí, pero de escasa
importancia deportiva— otros deportes con menos cobertura quedan en espacios
ínfimos. Esa falta de visibilidad alimenta un círculo vicioso: menos espacio
implica menos recursos, preparación y apoyo, facilitando que el discurso
dominante culpe a los atletas del “fracaso” cuando los resultados no se dan.
Al
igual que las ciudades que pierden sombra y ganan cemento —como referí en mi
reciente análisis del fenómeno en Chillán, Talca y Santiago—, el deporte sufre
un desgaste similar por la ausencia de atención. Lo visible es solo una parte
de la realidad; el silencio también la configura. Y es tarea de la prensa
deportiva ampliar esa realidad, abriendo espacios y apostando por un deporte
más inclusivo, plural y justo.
Porque el deporte chileno no necesita solo infraestructura o eventos llamativos: requiere tiempo para crecer, reconocimiento para ser valorado y un lugar digno en la memoria colectiva.
Fuentes Consultadas:
•Juegos Parapanamericanos Juveniles Chile 2025. www.parapanjuvenileschile2025.org
• Comité Paralímpico de Chile. www.paralimpico.cl
• La Tercera, Biobío Chile (noticias y cobertura de resultados)
• FIFA y ANFP (Mundial Sub-20 de Fútbol 2025)
• Federación Chilena de Ciclismo y Comité Olímpico (Campeonato Mundial de Ciclismo de Pista 2025)
• Rally Chile BioBío (WRC 2025 cobertura regional y oficial)
• Diario El Centro, Gigante Deportivo (Juegos Binacionales Chile-Argentina 2025)
• Redes oficiales sociales y ministeriales de deporte

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