Pero ¿Qué pensamos cuando nos dicen bosques submarinos?, quizá en esos que se inundaron y quedaron bajo el agua para el gran terremoto de Valdivia en 1960… la verdad no, por lo que averigüé, los bosques submarinos están compuestos de algas de gran tamaño como las denominadas algas pardas, un ejemplo de estas es el cochayuyo que encontramos en nuestras costas y que en lo personal disfruto bien seco o tostado…
Los bosques terrestres son relativamente fáciles de cuantificar: cubren unos impresionantes 4,14 mil millones de hectáreas. Pero cuando hablamos de los bosques submarinos, la historia cambia: apenas podemos estimar entre 600 y 720 millones de hectáreas. Mapear estos misteriosos “bosques sumergidos” es todo un desafío, porque están ocultos bajo el agua y vivos a cada oleaje, burlando tanto a los satélites como a los científicos que intentan contarlos.
Estos bosques, terrestres y submarinos, que albergan gran parte de la biodiversidad del planeta, juegan un rol primordial en los equilibrios ecosistémicos y climáticos, que afectan a todo el planeta.
A nivel global, la superficie de bosques del planeta continúa disminuyendo, aunque a un ritmo menor que en décadas anteriores.
Existen hoy diversas y cada vez más precisas formas de cuantificar la deforestación de bosques terrestres. El uso de imágenes satelitales, sensores remotos, inventarios forestales nacionales y series históricas permite estimar con bastante exactitud cuántas hectáreas de bosque se pierden año a año, dónde ocurre esa pérdida y a qué ritmo. Estas herramientas, sin embargo, no pueden aplicarse de manera directa a los bosques marinos. La cobertura vegetal bajo el agua, la profundidad, la turbidez y la alta variabilidad natural de estos ecosistemas dificultan su detección desde el espacio y hacen que la pérdida de bosques de macroalgas sea más difícil de cuantificar, estandarizar y comparar a escala global. Esta dificultad metodológica no implica ausencia de evidencia, sino que obliga a mirar los datos disponibles desde estudios regionales, donde las señales de pérdida son claras.
Existe un preocupante estudio que indica que "está en peligro el 60% del hábitat de los bosques submarinos de las costas de Chile y Perú", en lo que no solo es otro riesgo para las especies marinas, sino que también para las comunidades costeras que no sólo dependen de los servicios ecosistémicos, sino que directamente de la recolección y cosecha de estas algas, ello sin obviar otros potenciales beneficios que el estudio continuo de los ecosistemas marinos nos debiera brindar en el corto, mediano y largo plazo.
En términos globales, el clima del planeta se sostiene sobre un equilibrio frágil. De todo el dióxido de carbono que la humanidad emite cada año, los océanos absorben en torno al 25–30 %, en gran medida gracias a procesos físicos y a la actividad biológica del fitoplancton, mientras que los ecosistemas terrestres —bosques, suelos y vegetación— capturan una proporción similar mediante la fotosíntesis y el almacenamiento de carbono en la biomasa y el suelo. El resto, cerca del 40 %, se acumula en la atmósfera y alimenta el calentamiento global. Este reparto revela un punto clave: la estabilidad climática depende de que tanto los sistemas terrestres como los marinos sigan funcionando como sumideros de carbono. La degradación simultánea de bosques en tierra y en el mar no solo implica pérdida de biodiversidad, sino también la erosión de uno de los principales mecanismos naturales que hoy amortiguan el impacto de nuestras emisiones.
Con precisión conceptual, los llamados bosques submarinos no caben en ninguna de las definiciones tradicionales de bosque utilizadas por organismos como la FAO, CONAF o la mayoría de las organizaciones dedicadas a la conservación forestal. Estas definiciones fueron construidas para describir ecosistemas terrestres, dominados por árboles y asociados al suelo. Sin embargo, los bosques de macroalgas cumplen en el medio marino funciones ecológicas equivalentes: estructuran el hábitat, sostienen una alta biodiversidad y participan activamente en los ciclos biogeoquímicos del planeta.
En marzo celebramos el día internacional de los bosques, y ya que me gusta hablar de todos los bosques, creo que también FAO debiera incluir en esta celebración a los bosques submarinos, ya que así como la sumatoria de voluntades hace que el ser humano consiga logros enormes, millones de años antes de nuestra aparición en la tierra, la sumatoria de bosques en gran medida hizo habitable el planeta para nosotros.
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