miércoles, 25 de marzo de 2026

Mucho más que paisaje

Cuando hablamos de bosques, solemos pensar en paisajes, madera o conservación. Mucho menos en alimentos, salud urbana o energía. Sin embargo, los bosques y los árboles cumplen un rol decisivo en aspectos centrales de nuestra vida cotidiana, incluso allí donde creemos no necesitarlos.

Según la FAO, los bosques contribuyen a la protección del suelo y del agua, al mantenimiento de la fertilidad, a la regulación del clima y al soporte de polinizadores y controladores naturales de plagas. Aun así, persiste la idea de que estos beneficios solo importan a comunidades rurales o pueblos originarios, como si el resto de la sociedad estuviera al margen de sus efectos.

Lo contrario es lo cierto. La pérdida de cobertura vegetal y los procesos erosivos asociados reducen la capacidad productiva de los suelos y presionan los sistemas alimentarios. Esto alimenta una falsa percepción de escasez que termina impactando en los precios y en la calidad de la alimentación, especialmente en contextos urbanos donde predominan dietas poco saludables.

Lo mismo ocurre en las ciudades. La ausencia de árboles o su deficiente manejo tiene efectos directos en la calidad del aire, la temperatura, la salud mental y el bienestar de las personas. Aun así, seguimos considerando al arbolado urbano como un elemento decorativo y no como infraestructura verde esencial.

En un escenario de cambio climático y transición energética, los bosques también ofrecen oportunidades que Chile ha desaprovechado. La biomasa forestal y el uso estratégico de árboles en procesos de remediación ambiental podrían haber sido, hace años, una apuesta de desarrollo y no solo una medida compensatoria.

Los bosques no son un lujo ni un tema sectorial. Son parte de la base que sostiene la seguridad alimentaria, la salud pública, la cultura y la economía. Reconocerlo implica formar profesionales preparados, fortalecer el marco institucional y asumir que los bosques no son el problema, sino una parte fundamental de la solución.

Dicho todo lo anterior traigo a colación la frase del biministro de Economía y Minería, Daniel Mas —"no nos vamos a equivocar si tenemos que priorizar tres arbolitos a 100 mil empleos"— no es un desliz aislado. Es una declaración de principios que el propio gobierno de José Antonio Kast se ha encargado de confirmar con hechos: un decreto presidencial para flexibilizar la permisología ambiental y desbloquear 51 proyectos mineros, energéticos e industriales detenidos en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. No señales, hechos, malos hechos.

La lógica, con todo lo que hoy sabemos, indicaría ver esto claramente como un problema, pero que requiere soluciones mucho más complejas que la simple motosierra que blande el presidente Milei: rodear, restaurar, compensar. Al final se trata de que los empleos duren, y para eso deben ser sustentables; de lo contrario desaparecen y se convierten solo en una cifra que un gobierno luce, pero cuyo brillo se desvanece a poco andar.

Creo que hay una falta de empatía hacia la naturaleza que no me extrañaría se repitiera en muchos otros lugares, sobre todo en aquellos donde exista conflicto o tensión entre la protección del medio ambiente —aunque se trate de una pequeña población— y el desarrollo. Con el respeto que me merece la investidura que tiene, le sugeriría que al menos vea algunos videos sobre desarrollo sustentable: se puede crecer respetando el entorno. Y esto va para todo el gabinete en ejercicio del presidente Kast.

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