No hace mucho parlamentarios celebraban el rechazo de la ley que permitiría la caza de perros asilvestrados, por no decir salvajes a fin de cuentas, que se adueñan de un espacio vital, el cual defienden de cualquier intruso, territoriales por definición, y hambrientos por naturaleza, esta última la fuerza que mueve a la fauna, así como decimos que el amor mueve a las personas. Esta fuerza vital los hace peligrosos, para el ser humano al que consideraran como un intruso al que hay que alejar o peor aún como una presa, y para la fauna nativa donde aplica la misma lógica anterior, intruso, presa o ambos.
Dijeron que tal rechazo constituía un verdadero avance civilizatorio. Se argumenta, entre otras cosa que la mala ley dejaba en las personas un problema que es del estado, como puede ser la tenencia responsable de mascotas, cualquier similitud con los problemas de delincuencia es mera casualidad. El tema es que un perro asilvestrado no es cachupin, menos el perro de una marca de gas, todos por muy regalones que sean pueden morder a una persona hasta cuando están bien tenidos, el instinto es tan fuerte que ni la humanización a la que todos sometemos a nuestras mascotas lo elimina del todo; parlamentarios parecen no entender que un perro asilvestrado no es un perro callejero, la segunda generación de perros asilvestrados, la descendencia, no convive con seres humanos, como si es el caso de los perros callejeros, que por lo mismo podrían tener más tolerancia hacia nosotros y por ende compartir el espacio público, seguro han visto más de una vez a perros cruzar la calle en la esquina, cosa que muchos de nosotros parece olvidamos como se hace, bueno sería aprender de ellos, y ese sí que sería un acto civilizatorio (sic)
Puede que el rechazo sea de buena fe, pero para estar tan informado y acreditado sorprende lo mal razonado y legislado, y finalmente peor votado, más habiendo tanta literatura y expertos en el tema, a los que seguro parlamentarios y asesores leyeron y escucharon de seguro preguntaron mucho para hacerse una idea, la que finalmente obvió al ecosistema, al prevalecer valores humanizantes ante un problema ambiental y de salud pública como es el ataque de perros salvajes y hasta callejeros a personas, dejando de lado el segundo caso, el primero es dramático, estos “cachupines” han asesinado personas en el norte, y en otras zonas, y de manera continua afectan al ganado y sobre todo están diezmando de manera dramática la fauna nativa, de norte a sur, atacan ciervos, camélidos y junto a gatos también asilvestrados aves y otro tipo fauna, poniendo aún más en riesgo el de por si delicado equilibrio natural del cual los más progresistas dicen defender, mismo equilibrio del cual no se hacen cargo ya que no plantean solución o alternativa viable a la ley que rechazaron,
Avance civilizatorio hubiera sido, rechazar este u otro proyecto y de inmediato dejar lista la solución, no es avance dejar que la fauna nativa siga disminuyendo por causa de animales asilvestrados, no es avance dejar que ganaderos o personas que sobreviven con ganado caprino, aves u otro animal de granja, pierdan ejemplares por el ataque de animales asilvestrados, ojo también hay fauna nativa que provoca este tipo de daño, su habitad está muy intervenido, si también por la industria forestal, no se crea que por formación negaré eso,
Civilizatorio es pensar en el medio ambiente, no romantizar a algunas especies, o acaso el castor, que de seguro muchos piensan erróneamente es Forestín, no deber ser erradicado de los bosques australes, y para eso hay que matarlos, ¡son plagas!, los perros y gatos asilvestrados también lo son y deben ser erradicados, y para ello deben morir, o será que parlamentarios solo consideran dañino al chiche del arce, al zancudo vector del dengue , a ratas , paloma Jabalíes etc., el avance civilizatorio también debiera alcanzarlos a ellos.
El nuevo progresismo, (que una vez pecó de una moralina que a poco andar los hizo morderse la lengua), algunos que se dicen ecologistas y otras corrientes erraron y feo, no se puede legislar así, más si llueve evidencia que valida la eutanasia, la caza, a fin de cuentas las erradicación de perros, y agrego otras plagas, el conejo por cierto, erradicación que es muy probable no se pueda lograr, entiendo la cifra de perros asilvestrados supera con creces el millón de ejemplares, ya quisiera cualquier mamífero chileno siquiera llegar a un cuarto de ese guarismo, pero al intentarlo disminuye su población, y se esterilizar de manera segura al resto de la población, en paralelo a la disminución de la población plaga se recuperan las poblaciones afectadas, siempre que el estado se haya preocupado de restaurar habitad, si eso el esfuerzo ecológico no surte efecto.
Será que por error la corriente más conservadora de la política chilena propuso una ley que beneficie al ecosistema, será que con la intención de librar sus predios de potencial alto valor, fomentaron esta ley, por el lado que sea esta vez creo que con matices iban por el lado correcto, el de proteger a las personas y el entorno donde coexistimos con la flora y fauna.
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