Para algunos, la democracia se reduce a la libre elección de nuestras autoridades, desde juntas vecinales hasta quienes gobiernan el país. En este sentido, podríamos afirmar que la democracia en Chile funciona. Sin embargo, esta visión es incompleta. La democracia no se limita al acto de votar, sino que también depende del funcionamiento adecuado de sus instituciones, como el parlamento, encargado de legislar y representar la voluntad popular. Hoy en día, este último es una de las instituciones más cuestionadas, ya que muchas de sus acciones parecen distanciadas de las necesidades reales de los ciudadanos.
El Problema del parlamento
El parlamento falla, no responde a las necesidades de la gente a la cual dicen representar, falla porque desde un tiempo a esta parte algunos, muchos pasaron a representarse solo a ellos, validando su trabajo mediante un de muy mal gusto show de declaraciones a favor de su bando, ellos mismos, o en contra de sus adversarios, cuasi villanos. Muchos también se validan en apariciones como “criticólogos” en paneles de programas matinales, de redes sociales y jugando al estadista en noticieros y en los dedicados a la política, estatus de estadista que olvidan cuando ponen un pie en la sede del parlamento en donde parecen solo ver enemigos donde en realidad hay adversarios.
El parlamento falla, y lo sabemos desde el día en que este se “reinaugurara” el 11 de marzo de 1990, en esa época había senadores designados incluyendo un senador vitalicio, cargo creado en la constitución del 80 para el presidente de Chile, y que lo detentó quien para mí nunca fue Presidente del país.
El sistema bajo el cual se elegían los parlamentos era el “siniestro” binominal , el que prácticamente aseguraba un cupo para cada bloque dominante en ese entonces, (2, Concertación y Alianza, uno de izquierda y el otro de derecha), salvo que algún candidato o pacto lograra romperlo, arrastrando muchas a otros con muy poca votación. Uno de los que lo rompió y yendo por fuera de los grandes bloques, fue el actual Presidente, cuando salió electo diputado.
Se decía en esa época que fallaba porque decían y era cierto había un sector sobre representado y que no se reflejaba la realidad de sociedad chilena. Creo que todos los parlamentos reflejan, pero siempre de manera imperfecta, no como un espejo, el actual es una distorsión absoluta del cómo es hoy la sociedad chilena.
Se pensaba que la solución a los problemas del parlamento era el binominal el que luego de muchos tiras y afloja se logró cambiar en 2014, cuando era Presidente Sebastián Piñera, y ¿se acabaron los problemas en parlamento?, No, y para peor aparecieron otros, a los llamados díscolos, herencia del binominal, entre otras cosas se sumó la efervescencia por armar movimientos y partidos políticos, que legítimamente esperaban representar los intereses de los electores, llevando a una fragmentación tan grande que hace muy difícil el llegar a acuerdos, y por ende avanzar.
Dicho sea paso por un tiempo votábamos sin obligación de hacerlo, otro gran fallo del sistema, el voto voluntario, el cual se cambió para las pasadas elecciones de autoridades regionales y comunales, donde el voto fue obligatorio, con una multa irrisoria sino lo hacíamos y que entiendo para las elecciones nacionales del 2024, donde debemos escoger nada más y nada menos que al sucesor de Gabriel Boric, hasta el momento será con voto voluntario. Tendrán que volver a legislar para reponer el voto obligatorio, ahí un ejemplo de cómo funciona el parlamento, hacen todo a medias o no lo hacen porque están “en otra”.
Menosprecio a los partidos políticos
Es cuestionable que algunos parlamentarios, tras ser elegidos representando a un partido político, decidan renunciar porque no están de acuerdo con ciertas decisiones internas. Este tipo de acciones revela una falta de compromiso con quienes confiaron en ellos. El ejercicio democrático debería implicar dar la pelea desde dentro, intentando convencer a sus compañeros de partido para cambiar el rumbo o mejorar las políticas. Sin embargo, optan por el camino más fácil, abandonar el partido, como cuando las ratas huyen de un barco que se está hundiendo.
Peor aún, muchos de estos parlamentarios se integran a otro partido o se suman a la bancada de independientes. Esto resulta un despropósito, ya que quienes votaron por ellos bajo una plataforma específica esperan que representen esas ideas, debatan desde su posición inicial y busquen consensos. En algunos casos, su militancia ni siquiera es evidente, ya sea por cobardía o por una estrategia de ocultamiento, como si pertenecer a un partido político fuese motivo de vergüenza. Si bien nuestra historia recuerda épocas en las que la afiliación política fue motivo de persecución, hoy en día el fortalecimiento de los partidos debería ser una prioridad.
Los partidos no solo invierten recursos en las campañas de sus representantes, sino que también son el espacio donde las ideas pueden germinar, transformándose en proyectos que fortalezcan nuestra convivencia democrática. Abandonar esa responsabilidad es un golpe a la confianza de los ciudadanos y un obstáculo para la construcción de una sociedad más cohesionada y participativa
El parlamento falla, porque dicen debatir cuando en realidad solo hablan y no escuchan, parlamentarios que no van a las sesiones para no dar el quorum, en vez de ir y dar la lucha de las ideas; parlamentarios que van marcan tarjeta y se van a hacer nada o cualquier cosa que no corresponde a la función para la cual fueron electos.
Proyecto de Reforma
Esta semana se presentó un Proyecto de Reforma Constitucional que Introduce modificaciones al Sistema Político y Electoral, (clic acá para ver nota), el que propone por ejemplo:
1. Un piso de votos para ser electos, un 5 por ciento, cosa que ya ha hecho que más de alguno se oponga.
2. Se legislará para para sancionar a quienes se cambian de partido con lo que más les duele, perder el escaño.
3. Redistritaje cada 10 años.
Lo dicho en 2 equivalente a perder el trabajo, y ya hay quienes se oponen porque según ellos sería torcer la voluntad popular, olvidando que al renunciar a un partido los primeros en defraudarla fueron ellos. Olvidan que el cupo es del partido.
Espero que cuando se legisle, también haya un adecuado mecanismo de reemplazo de estas autoridades e impedir ser electos en el periodo siguiente a quienes sean destituidos. Soy duro en eso, si, pero sin reglas claras y duras el parlamento seguirá siendo la bolsa de gatos que es hoy. En lo personal me encanta la idea del redistritaje, porque entiendo que la cantidad de parlamentarios que representa una determinada región depende del número de habitantes que en ella hay, claro que se corre el riesgo de que las regiones más grandes, la metropolitana se lleven gran parte de la torta.
Espero que cuando se ponga la pelota al piso y se empiece a ver tema, se aterricen los puntos que ese proyecto de reforma incluye, y que no se trance en lo del 5 por ciento mínimo para ser electo parlamentario, como no vas a sacar 10.000 votos en una elección dónde votan 200.000 personas. Lamento decir que el gran problema es que la solución está en manos del problema, pero no queda de otra, nuestra democracia manda que se así sea y por ende hay que esperar mucha altura de miras, mucha visión de estado, mucho sentido de país, enorme visión de futuro y todas esas cosas que siempre dicen le falta a los adversarios y no a ellos, siempre rápidos para señalar los errores de otros, pero no los propios.
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