martes, 3 de diciembre de 2024

Natural o Sintético, ¿cómo era, es o será tu árbol navideño?

Por estos días, lejanos recuerdos de mi feliz infancia vienen a mi mente. Entre ellos, un par relacionados con el árbol de Pascua: aquel pino que decorábamos cada diciembre. Solíamos usar una rama grande de un árbol que, creo, aún crece donde estaba la antigua casa de la “cuatro”. Otras veces íbamos a comprarlo pasada la 11 Oriente, creo que entre 4 y 5 Oriente, cerca de lo que era la antigua vega, hoy CREA.

El árbol era natural. Se colocaba en un balde o macetero lleno de arena, que luego se forraba con papel de regalo. Lo decorábamos con luces, guirnaldas y una brillante estrella de cuatro, cinco o más puntas. Este ritual se llevaba a cabo en los primeros días de diciembre, y el árbol se retiraba en la primera semana de enero, generalmente el día 6. Mientras tanto, por las noches lo iluminábamos, y durante todo el día el ambiente se impregnaba con ese agradable aroma a conífera. Era una época en que los sprays ambientales no existían, allá por los años 80.

El mundo estaba en plena Guerra Fría, y nosotros transitábamos rápidamente de lo natural a lo sintético: de tener tiempo para comer en casa, a casi no tener tiempo para cuidar a los hijos. Incluso en televisión, un comercial decía: Cómprate un auto, Perico” (ver aquí). ¿Lo recuerdan, o son muy jóvenes?

El plástico también llegó al espíritu navideño y, con él, a uno de sus símbolos más representativos: el árbol. Aparecieron variedades de árboles artificiales que imitaban al clásico pino chileno (Pinus radiata) y a otras coníferas como abetos y piceas. También surgieron árboles en colores inusuales, quizá para imitar la nieve, pero ¿en qué parte del mundo la nieve es rosada, dorada o tan brillante como una luz estroboscópica?

Hoy en día, la mayoría usa árboles artificiales: hojas de plástico, ramas de alambre y olor a “guardado”. Después de Navidad, estos árboles vuelven a acumular polvo en algún rincón de la casa, o peor, terminan desechados, perpetuando el problema del plástico en el mundo.

Los árboles naturales no siempre corren mejor suerte. Si se trataba de una rama, esta acababa en la basura o el fuego. Con algo de suerte, podía quedarse en el patio hasta descomponerse de forma natural. Si era un árbol con raíces, quizás lo plantaban, y cada año crecían junto a él nuevas memorias y más adornos para cubrirlo.

Entonces, ¿hay algo que de verdad impida usar un árbol natural?

 
El tamaño de las casas, jardines y patios sigue siendo similar al de antaño, variando según el costo de las propiedades. Mientras los árboles artificiales no tienen otro uso antes o después de la Navidad, un árbol natural aporta al ciclo del carbono al capturarlo y convertirse en un nuevo árbol urbano. En internet, hay estudios diversos sobre la huella de carbono de ambos tipos de árboles, pero no hay un consenso claro al respecto.

En lo legal, consulté a un amigo que trabaja en CONAF (saludos, Ricardo), y me comentó que no hay nada que prohíba la venta de árboles naturales como árboles de Navidad. El SAG tampoco tiene normas específicas al respecto, salvo las que regulan los viveros. Quizás podría haber restricciones si se tratara de especies protegidas o riesgos de dispersión de plagas cuarentenarias, pero estos casos son excepcionales. Por otro lado, algunas municipalidades, como Talca, prohíben la extracción de árboles en bienes nacionales de uso público (Decreto 470 de 1995, Artículo 33).

En resumen, no existe ninguna ley que impida la venta de árboles navideños naturales. Se pueden adquirir ramas o árboles enteros en viveros, siempre que no provengan de especies protegidas o de extracciones ilegales. Sin embargo, es curioso que algunas personas con conciencia ambiental prefieran los sintéticos, olvidando que estos no son necesariamente la opción más ecológica.

¿Y mi árbol? Aún no tengo uno, pero de tenerlo quiero que sea natural, para rendir homenaje a una etapa de mi vida en la que fui muy feliz, cuando mis abuelos, la tía Irma, mis padres y los demás tíos nos dieron el mejor regalo que un niño puede recibir: una infancia feliz.

Pd.- ChatGPT es mi copiloto


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