Hace unos días mientras esperaba en el CESFAM para retirar mis medicamentos, me encontré revisando mis redes sociales, como muchos de nosotros solemos hacer en esos momentos y debido al sosiego que reina en febrero, puse más atención a algunas cosas, entre ellas la muerte de fauna nativa en las carreteras.
Para quienes vivimos en las ciudades, esta realidad puede parecer distante, pero no lo es. En lo que a mí respecta, al menos un par de veces al año veo en las calles de la ciudad animales, ya sean domésticos o silvestres, aplastados por vehículos: palomas, gatos, polluelos de otras aves. En carretera, muy rara vez en las noticias muestran imágenes de zorros, pudúes o incluso pumas, víctimas de conductores que no respetan el entorno, lo que de cierta manera invisibiliza el drama. No solo son las criaturas las que sufren; cuando un vehículo choca con un animal mayor, el conductor también puede pagar las consecuencias, que van desde algunas heridas hasta la pérdida de la vida y la de sus acompañantes en la ruta.
Se podría pensar que la causa de este desastre son las carreteras, y digamos que en parte sí y en parte no. ¿En qué parte no? Ni siquiera es el vehículo, claro, a mayor tamaño, más daño puede generar al impactar contra un animal. Pero el verdadero responsable es quien conduce, quien usa las calles y carreteras no como un medio para desplazarse con responsabilidad, sino como una pista de carreras sin control.
La otra parte tiene efectivamente que ver con las carreteras, con el diseño de estas. La mayor parte de las vías corta hábitats en dos, tres o quizá más secciones, lo que puede aislar poblaciones completas. Esto, con el tiempo, podría dar lugar a nuevas variedades de una especie, si encontrara los recursos limitantes que le permitan sobrevivir. Una buena medida de mitigación sería obligar a las concesionarias de carreteras o al Ministerio de Obras Públicas en caso de ser este quien ejecute o mandate a crear cada ciertos tramos corredores de fauna, pero ojo no se trata de un simple túnel que ya serviría de algo, se trata de generar pequeñas zonas de transición entre las zonas del territorio a unir.
¿Será que no hay señalética que indique la presencia de fauna? Si bien en donde vivo no hay, no es necesaria. Da la impresión de que en lugares donde sí la hay, los conductores no la conocen, aunque la verdad creo que, como todo infractor de ley, la ignoran.
La señalética en particular varía según el riesgo que se trate. Así, existen señales para Huemul, Guanaco, Cabra, Burro Silvestre, Ñandú, Zorro y Puma, todas con una imagen del animal en negro dentro de un rombo amarillo, lo que entiendo facilita su distinción en la carretera, siempre y cuando se transite a una velocidad que permita reaccionar.
“En rutas cercanas a Parques Nacionales, Reservas Nacionales y Monumentos Naturales, los atropellos están entre los factores más importantes de mortalidad no natural de animales vertebrados terrestres” Fuente: SAG.
En datos duros, el SAG informa que en el período 2013-2022 hubo más de 8.200 accidentes con un total de 58 ejemplares fallecidos, lo que puede parecer poco. Pero si pensamos en que las víctimas de atropellos pueden corresponder a especies autóctonas y eventualmente tener problemas de conservación, podríamos estar contribuyendo a la extinción de pumas, culebras, zorros u otras especies. Sin ir más lejos, hace 2 días atropellaron un pudú en la carretera de Petrohué y, para hacerlo más condenable, los responsables, realmente criminales, lanzaron el cadáver a un barranco.
¿Qué sucede a quien atropella un animal silvestre?
En Chile no hay una ley específica que sancione esta conducta, extraño en un país que tiene leyes para todo, menos, claro, para algunas cosas importantes. ¿Se está entonces en tierra de nadie? Entiendo que podría aplicar la llamada “ley cholito” que, de aplicarse, podría significar las siguientes penas:
- Presidio menor en sus grados mínimo a medio (61 días a 3 años de cárcel).
- Multa de 10 a 30 UTM (aproximadamente $672.940 a $2.018.820, según el valor de la UTM en febrero de 2025).
- Inhabilidad absoluta perpetua para la tenencia de cualquier tipo de animales.
Por otro lado, la ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente, 19.300 dice: “Si el atropello de fauna es parte de un contexto que involucra daños más amplios al medio ambiente (por ejemplo, una carretera mal construida en un hábitat de fauna), esta ley podría ser invocada para abordar las consecuencias del atropello y las medidas preventivas”.
Si circulas por calles y carreteras, piensa en tu vida y la de quienes te rodean. No solo son tus amigos o familiares, también lo es la fauna urbana y, sobre todo, la silvestre, ambos víctimas inocentes de tu falta de criterio.
En #LentoPorLaFauna existen una serie de recomendaciones, muchas de las cuales, a mi modo de ver, son solo sentido común. Pero como dicen, parece que no es el más común de los sentidos. Y previendo eso, dejo una recomendación aquí: “Realizar una conducción responsable, segura y respetando las velocidades sugeridas (60 kilómetros por hora) en los tramos que cruzan las áreas protegidas nos permitirá reducir la probabilidad de atropellos de fauna y accidentes vehiculares, además de tener una experiencia única en la naturaleza, disfrutando los paisajes y la biodiversidad de nuestro país.” Como sabes, estas recomendaciones también podrían salvar tu vida.

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