Nuestra relación con los animales ha ido cambiando con el tiempo, de darnos alimentación, transporte y fuerza para mover indumentarias con las cuales labrar la tierra, a ser objeto de admiración y hasta adoración divina. Es en la admiración donde cruzamos una línea muy delgada y peligrosa por cierto, queremos verlos siempre, bueno la naturaleza hizo evolucionar a perros y gatos para que fueran nuestros compañeros de ruta y logramos domesticar a más de 50 especies animales y a más de 200 especies de vegetales, sin las cuales no podríamos vivir hoy en día.
Creo que nadie puede renegar de esta asociación que en términos de relaciones simbióticas encaja en el concepto de mutualismo, ambas especies se ven beneficiadas, aunque hay una especie de paradoja en esto, salvo animales y plantas de compañía los restantes sufren o mueren a manos del ser humano, ¡uff! en esto puede existir todo un conflicto ético. Y ahí surge un conflicto ético difícil de ignorar: ¿hasta qué punto nuestra relación con los animales es realmente de beneficio mutuo? Mientras algunas especies domesticadas prosperan junto a nosotros, otras son cazadas, comercializadas y arrancadas de sus hábitats en nombre del lujo, la moda o el coleccionismo. La delgada línea entre admiración y explotación se cruza con demasiada facilidad.
Quiero pensar que ninguno de nosotros ha comprado jamás productos provenientes del tráfico ilícito, por decirlo de otra manera, de “dudosa procedencia”, como chocolates, pendrives con música, perfumes, medicamentos, “sustancias”, cigarrillos, muchos de los cuales no solo provocan un perjuicio fiscal sino que también dañan nuestra salud. Bueno, también existe otro tipo de comercio ilícito, que no daña al fisco pero sí puede llegar a dañar irremediablemente e incluso hacer desaparecer poblaciones completas de flora y fauna, sí, hablo de extinción.
Si bien cada país tiene sus normas respecto del movimiento/comercio de especímenes animales o vegetales, a nivel global existe la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que “hoy en día, ofrece diversos grados de protección a más de 37.000 especies de animales y plantas, bien se comercialicen como especímenes vivos, como abrigos de piel o hierbas disecadas” (ver también CITES – Chile).
Recientemente fue descubierto un contrabando de pieles disecadas: león, lince, cebra, oryx y zorro iban a ser usados como alfombras, un caso que estaría vinculado a un ex embajador chileno en Hungría, ¿quién dijo corrupción? pues este es un caso más a la lista. Pensar que hasta hace poco creía que no éramos un país corrupto… pues aunque no lo crean, esto es corrupción. Ahora existe una denuncia por tráfico de insectos y arañas chilenas en Asia y Europa. Hace unos años surgió el denominado caso Atacama del Pirata de los Cactus, que desarticuló una red de tráfico de vida silvestre, principalmente relacionada a cactus del género Copiapoa. Todos estos delitos son parte de un cruel y lucrativo negocio, en algunos casos vinculado al crimen organizado, la lacra social de nuestros tiempos.
El tráfico (ilícito) de partes de animales supone la muerte del animal sin lo que conocemos como bienestar animal, la forma en la cual se sacrifican los animales que nos sirven de alimento. Es un asesinato de fauna con destino al mercado de un lujo cruel. Por otra parte, el tráfico de animales vivos supone en la mayor parte de las veces el traslado de estos en deplorables condiciones, envueltos, apretados unos contra otros, lo que deriva en que muchos de estos mueran en el trayecto. En Chile y espero en otros países hay leyes que castigan el maltrato animal, tortura de animales, leyes que ojalá fueran más severas.
Como enuncié, el tráfico de vida silvestre supone mermas y en algunos casos pone en peligro poblaciones completas de especies vegetales y animales, pone en riesgo la variabilidad genética de estas y, por ende, la capacidad de las especies para responder a los cambios en el medio. Individuos de esas poblaciones pierden su capacidad de adaptarse y la especie eventualmente su capacidad de sobrevivir en el tiempo. Y la culpa es siempre del tontito que las compra. Como en todo ilícito, si no hay mercado, no debiera existir delito.
Pero el daño no es solo al interior de las especies. Estos movimientos ilegales, con cero control sanitario, pueden aumentar la presión de ingreso de agentes dañinos para la flora y fauna de un país, afectando incluso a la economía de este. Y todo por culpa de los mismos tontitos anteriores.
Hay algo innegable: todas las especies traficadas, ¡qué digo!, TODAS las especies del mundo son hermosas, pero más lo son en su hábitat natural.

No hay comentarios:
Publicar un comentario