domingo, 9 de marzo de 2025

Llega marzo y caen los primeros árboles

¿Qué pasa cuando cae un árbol en el bosque? Es parte del ciclo natural. Su madera se descompone, nutre el suelo, da vida a hongos, insectos y a nuevos árboles que esperan su oportunidad. Es refugio, alimento y protección para la regeneración. La muerte de un árbol en el bosque no es el final, es un punto y seguido en la historia de la vida.

¿Qué pasa cuando cae un árbol en la ciudad? Nada... o más bien, genera problemas: calles cortadas, autos dañados, cortes de luz, titulares en los noticieros. Se convierte en obstáculo, en estorbo, en amenaza. La pregunta que nunca se hace es: ¿qué pasó antes de que ese árbol cayera?

Aunque en la ciudad, la caída de un árbol es noticia, casi una tragedia. Se habla del daño causado, de los peligros que representan los árboles viejos, y rara vez de su valor. Porque mientras están de pie, los árboles urbanos son invisibles para muchos. Ofrecen sombra, purifican el aire, disminuyen la temperatura, acogen aves y entregan belleza... pero pareciera que nadie les presta atención hasta que caen.

Los árboles caen por muchas razones: porque están enfermos, porque mueren de viejos, porque el viento los derriba, porque los chocan los vehículos o porque alguien los vandaliza. Pero también caen porque no se cuidan, porque no se les revisa ni se les da el mantenimiento adecuado. La desigualdad social también toca al manejo del arbolado urbano. No todas las comunas tienen los mismos recursos ni acceso a personal especializado. A veces, ni siquiera las autoridades que se proclaman ecologistas cuentan con las herramientas o el conocimiento necesario para emprender acciones que mejoren las condiciones del arbolado a mediano y largo plazo.

Cada árbol que cae podría ser un aviso de los miles que pueden caer. El cambio climático, las sequías, la contaminación, las podas mal hechas y la falta de manejo los están debilitando. La ausencia de una ley de manejo del arbolado urbano que considere los distintos requerimientos de sitio según las regiones y la geografía del país solo agrava el problema. No es lo mismo plantar un árbol en el norte que en el sur, ni en la costa que en la precordillera. Pero ese criterio pocas veces se aplica, 'árbol adecuado en lugar adecuado'.

Las ciudades plantan árboles, pero pocas veces piensan en su futuro. Se eligen especies por su rapidez de crecimiento o por estética, pero no siempre por su resistencia o por su adaptación al entorno. El arbolado urbano no es mobiliario, es infraestructura verde, vital para la calidad de vida en las ciudades.

Los factores del medio, como las tormentas o los temporales, no están completamente en nuestras manos. Somos responsables del cambio climático, pero aún no podemos predecir con absoluta certeza qué, dónde y cuándo afectarán la ciudad y cada uno de sus componentes. Lo que sí podemos hacer es reducir la vulnerabilidad del arbolado con manejo, planificación y cuidado.

Cuidar los árboles no es solo una cuestión estética, es proteger la salud, el bienestar y el equilibrio ambiental de quienes habitan la ciudad.

Cada árbol que cae es un símbolo, una advertencia. Nos recuerda que la vida en las ciudades depende también de esos gigantes silenciosos que siguen de pie... hasta que dejan de estarlo.

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