miércoles, 9 de abril de 2025

El agua que ves... y la que no

No pongo en duda que todos, más de alguna vez, nos hemos puesto a pensar cuánto dinero usamos: lo que gastamos en cosas necesarias y lo que se nos va en gustitos que, al final, no eran tan imprescindibles. Esos antojitos que a veces nos dejan mirando el saldo con cara de "uy, ¿y ahora?". Pero, ¿y si hacemos ese ejercicio con algo más vital que el dinero? No hablo del amor –aunque también cuenta–, sino de algo que creo que lo supera: el agua. Agua que, como el dinero, está ahí para todos, pero nunca en las mismas cantidades.

Pensemos en el agua que necesitamos para lo básico: beber, cocinar lo esencial, mantener la higiene mínima. Entre 125 y 200 litros diarios por persona, dependiendo de dónde vivas. Es como el dinero que usamos para movernos, comer o pagar las cuentas –la del agua incluida, claro–. Pero luego está el agua que gastamos en cosas que podríamos ajustar: lavar el auto (los que tienen), esas duchas largas que parecen spa, o regar el jardín todos los días como si de verdad el pasto necesitara tanta agua.

Esa es solo la punta del iceberg. Está también la huella hídrica, el agua dulce que se usa para producir lo que consumimos. No es solo lo que sale de la llave: hay agua indirecta en juego. Por ejemplo, la que mantiene parques y plazas. Siempre he pensado que los riegan de más; creo que muchos hemos visto como los riegan hasta de una lluvia. Y ni hablar del verano, cuando lo hacen en pleno calor, cuando la mitad se evapora antes de tocar la raíz. ¿ De verdad alguien piensa que eso tiene sentido?, ojalá algún día los encargados entiendan que eso no es correcto. Pero hay más: el agua de las frutas, verduras, carnes, y todo lo que sale de la agricultura, la forestación o la industria. Miles, millones de litros al día. Como dijo un profesor y colega en una reunión del Colegio de Ingenieros Forestales en Maule: "Chile exporta agua”, y no más preguntas, señor juez, aunque si una observación, por lo mismo debiéramos ser los reyes de la sustentabilidad.

El cambio climático lo complica todo. Asegurar agua para las personas, las actividades básicas y los ecosistemas – ¿hay algo más indispensable que ellos para nuestra sobrevivencia?– es un desafío gigante. En Chile, aunque los últimos dos años las lluvias se acercaron a algo "normal", la mega sequía sigue ahí, acechando. Hemos asegurado el agua para consumo humano en casi todas las regiones –a veces con desalinizadoras–, pero en 2024 aún había 58 de 346 comunas bajo decreto de escasez hídrica, según LaTercera. Zonas repartidas por todo el país, desde el norte árido hasta el sur que ya no es tan verde, enfrentan precipitaciones escasas o nulas. Es un puzzle tremendo: abastecer a las personas, sus mascotas, el ganado y una agricultura que ya no es solo de subsistencia, sino de pura supervivencia. (Si quieres, échaleun ojo al mapa de zonas de escasez hídrica).

Y mientras lidiamos con eso, hay otros usos del agua que nos pillan desprevenidos, sobre todo en este mundo cada vez más tecnológico. Estas últimas semanas se ha hablado harto de cuánta agua se usa en tecnologías de la información. Los productores de paltas deben estar felices con eso, tema que explotó debido a la generación de imágenes mediante IA, esas al estilo Ghibli que todos quieren probar y de las que yo también hice una.

Hay que considerar que el consumo de agua depende de la arquitectura, el tamaño del modelo, la carga de trabajo y, sobre todo, del sistema de enfriamiento del centro de datos donde corre. Un modelo más grande puede "consumir" más agua simplemente por la cantidad de calor que genera, pero si usa enfriamiento cerrado, el impacto baja mucho.

Si te dicen que generar una imagen con IA "consume" hasta 5 litros de agua, no pienses que los servidores se la están tomando. La cosa es hasta peor: en muchos centros de datos, el agua se evapora en torres de enfriamiento que parecen de película futurista, solo para que las GPU no se derritan mientras te hacen un meme. En sitios secos como Arizona, esas torres convierten agua en vapor más rápido que un café olvidado al sol. Podrían usar sistemas cerrados donde el agua circule como en un acuario bien armado, pero por ahora, el dato te va a dejar seco: cada imagen que pides a la IA equivale al agua que necesitas al día al día para no ver afectadas tus funciones vitales y si eso no nos lleva a un uso más responsable de estas herramientas, nada lo hará.

 

Esta nota contó con el apoyo de Grok, de xAI - Gemini de Alphabet - ChatGPT de OpenAI & Copilot de Microsoft. 

La Reflexión fue corregida con las IA nombradas

Grok, de xAI, usó agua: unas 30 respuestas que suman cerca de 1.5 litros, según sus cálculos. Pequeños vasos que se apilan en nuestra vida diaria.
ChatGPT: Esta reflexión también gastó un sorbo de agua digital. Solo en esta revisión —unos 6 o 7 mensajes bien jugosos— se usaron entre 100 y 250 ml de agua virtual. Parece poco, pero hasta las ideas necesitan enfriarse, y eso también cuesta agua.
Gemini y Copilot , no dieron información al respecto.

 

 

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