Es alarmante ver cómo algunos dueños de mascotas se desentienden completamente de sus responsabilidades. Los parques y plazas, que deberían ser espacios de recreación y encuentro, a menudo se convierten en zonas intransitables debido a la acumulación de desechos de perros. Lo peor de todo es que, pese a las campañas de concientización y las regulaciones existentes, muchos propietarios no limpian después de que sus mascotas hacen sus necesidades. Esto no solo es una falta de respeto hacia el prójimo, sino también una amenaza para la salud pública.
La Ley Cholito, que busca regular la tenencia responsable de animales, establece sanciones para quienes no asuman su responsabilidad como dueños de mascotas. Sin embargo, parece que la ley aún no se está aplicando de manera efectiva, ya que seguimos observando una gran cantidad de perros sueltos y, peor aún, dueños que no cumplen con la obligación de limpiar los desechos de sus animales. Es urgente que se hagan cumplir las disposiciones de esta ley y que los responsables de estos actos reciban las sanciones correspondientes.
El problema no se limita a los perros. Los gatos, esos animales tan independientes que se supone deben ser fáciles de cuidar, también causan molestias. Muchos de ellos hacen sus necesidades en cualquier parte, y lo más preocupante es que no se limitan solo a los espacios públicos, sino que también invaden propiedades ajenas. Es común que los dueños de gatos no se den cuenta o no les importe que sus animales hagan uso de los jardines de otros vecinos o incluso dentro de las casas ajenas. Esto genera molestias no solo por la suciedad, sino por los riesgos que implica para la salud y la tranquilidad de las personas que se ven afectadas.
Quienes vivimos en estos sectores nos vemos obligados a convivir con esta irresponsabilidad, teniendo que lidiar no solo con la suciedad, sino también con el mal olor y la molestia de no poder disfrutar de nuestros espacios comunes de manera tranquila. No es justo que sean los vecinos quienes, de manera silenciosa y desinteresada, se hagan cargo de lo que corresponde a otros. No es justo que los niños, las personas mayores y todos los que buscamos recrearnos al aire libre, debamos pensar dos veces antes de entrar a un parque o plaza por el temor a pisar algo desagradable o, peor aún, a estar expuestos a enfermedades.
Es hora de que las autoridades refuercen las sanciones a quienes no cumplen con la normativa vigente, y que los dueños de mascotas comprendan que tener un animal de compañía conlleva responsabilidades, no solo hacia él, sino también hacia la comunidad en la que vive. Vivir en una ciudad implica compartir, y esa convivencia debe basarse en el respeto mutuo. Además, es fundamental que las autoridades dispongan de más y mejores canales de denuncia, especialmente anónimos y accesibles, para que los vecinos podamos reportar estos incumplimientos de manera segura y efectiva, sin temor a represalias.
Es necesario que tanto los propietarios como las autoridades se comprometan más con la limpieza y el bienestar colectivo, promoviendo espacios comunes más limpios y disfrutables para todos. La falta de acción solo perpetúa este ciclo de desatención que afecta la calidad de vida de quienes compartimos estos espacios.

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