domingo, 17 de agosto de 2025

Humedales Chilenos en Riesgo

La Región del Maule, reconocida por su riqueza agrícola y natural, enfrenta un desafío creciente: la presión sobre sus humedales, ecosistemas esenciales que regulan el agua, albergan vida y protegen a las comunidades. Uno de los casos más visibles es el del Parque Ferial del Maule en Talca, un megaproyecto que, más allá de ser un espacio para eventos, incluye un casino, hotel y restaurantes. Construido en terrenos cercanos al Humedal del Cajón del Río Claro y Estero Piduco, ha generado preocupación por su posible impacto en la capacidad de este humedal para manejar las aguas, aumentando el riesgo de inundaciones para quienes viven cerca. La empresa promotora asegura que su diseño sobre pilotes minimizará impactos, pero la oposición de comunidades y expertos ha sido constante. Tiempo atrás me referí a este problema en Apuesta peligrosa: el nuevo casino en Talca y el humedal olvidado.

La alerta ambiental en Talca se ha visto reforzada por una reciente decisión judicial: la Corte de Apelaciones responsabilizó a la Municipalidad de Talca por la falta de protección en un humedal urbano y ordenó la creación de una ordenanza en un plazo máximo de 90 días. Este fallo marca un precedente importante, pues reconoce que las autoridades locales tienen un rol activo e ineludible en la protección de estos ecosistemas y que la omisión puede derivar en responsabilidades legales.

Lamentablemente, no es el único conflicto en el Maule. En Linares, el Humedal Putagán sufre por intervenciones que buscan drenarlo o rellenarlo con fines agrícolas o constructivos. Aunque no se trata de megaproyectos, la ausencia de fiscalización ha permitido daños significativos a la flora y fauna, impulsando a la comunidad a organizarse para su defensa.

Estos conflictos son parte de un fenómeno nacional. En otras regiones, como el Biobío, el Humedal Paicaví enfrenta proyectos inmobiliarios que amenazan su biodiversidad y elevan el riesgo de licuefacción del suelo. En la Región Metropolitana, el Humedal de Quilicura ha estado en medio de disputas legales por la instalación de una planta de aguas servidas. En Valparaíso, humedales costeros clave como Mantagua, El Yeco y la Quebrada Borinquén sufren rellenos ilegales y expansión urbana. Más al sur, en Puerto Montt, el Humedal Mallinko Abtao Lawal fue escenario de una tragedia cuando viviendas construidas sobre él colapsaron, evidenciando los peligros de ignorar la función natural de estos ambientes.

A pesar de la Ley de Humedales Urbanos de 2020, los ecosistemas siguen siendo vulnerables frente a intereses económicos, falta de fiscalización y vacíos legales. Sin embargo, son también santuarios de vida: en Talca, el Cajón del Río Claro alberga aves como el Siete Colores y el Pidén, anfibios como el Sapito de Cuatro Ojos y la Rana Chilena —especie vulnerable—, y reptiles como la Culebra de Cola Larga. El Paicaví acoge más de 30 especies de aves, mamíferos acuáticos y peces en peligro. Quilicura sorprende con fauna adaptada al entorno urbano, mientras que Mantagua destaca por su biodiversidad, con mamíferos vulnerables y aves migratorias. Incluso humedales pequeños como Putagán forman parte de un entramado vital, conectando hábitats de especies amenazadas como el Ruil, Queule y Pitao.

A esta presión humana se suma el cambio climático, que provoca sequías prolongadas, alteraciones en la salinidad, marejadas costeras y pérdida de biodiversidad. Paradójicamente, los humedales son aliados clave frente a estos mismos problemas: actúan como esponjas en lluvias intensas, liberan agua en períodos secos y almacenan carbono de manera más eficiente que muchos bosques. Turberas, manglares y pastos marinos son verdaderas reservas de carbono que ayudan a frenar el calentamiento global.

Es increíble que, mientras se avanza en la protección de humedales —Valdivia ya es la primera ciudad humedal de Sudamérica—, algunos actores se apresuren a explotarlos antes de que cualquier declaratoria oficial se los impida. Casos como el de Talca muestran que la omisión de las autoridades puede derivar en sanciones judiciales, pero también que existe un camino legal y social para exigir su resguardo.

Invitar a la reflexión sobre estos desafíos y la riqueza natural que enfrentan es esencial. Comunidades, autoridades y empresas deben asumir que proteger los humedales no es un lujo ambiental, sino una estrategia de supervivencia. Porque en sus aguas y tierras descansa parte de la salud del planeta y de nuestra calidad de vida.

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