¿Pero qué tan
real o cercano es este “sobregiro plástico”? Hagamos un ejercicio sencillo:
¿qué ves cuando sales de tu casa?, ¿y al regresar? En mi caso, siempre hay un
trozo de bolsa plástica arrastrada por el viento, algún envase tirado en la
calle, botellas que deja el camión recolector o restos que flotan en un canal
cercano. Y al entrar a casa, más de lo mismo: compras el pan en bolsa, la fruta
en bolsa, lo que le untas al pan viene en envase plástico. Aunque algunos digan
que son reciclables, si no hay una gestión correcta, es
simplemente plástico contaminando igual.
Este
sobregiro no es un concepto abstracto: es nuestra vida diaria. Nos rodea en las
calles, en los ríos, en los mares y ahora también en nuestros cuerpos en forma
de microplásticos. Y aunque muchas veces he escrito sobre este tema, lo más
grave es que seguimos sin acuerdos claros y efectivos para reducir la
producción de este material.
El sobregiro de
plásticos en Chile no es solo un concepto de Greenpeace, sino
un espejo de lo que ya ocurre con el sobregiro ecológico: vivimos consumiendo y
desechando mucho más de lo que el planeta puede absorber. La contaminación
plástica se multiplica en calles, ríos y mares, y los microplásticos
en Chile ya forman parte de nuestro aire, agua y alimentos. El
desafío es claro: reducir la producción de plásticos y avanzar hacia acuerdos
reales que eviten que esta crisis ambiental se normalice en nuestra vida
cotidiana.
Infografía en basea a datos de Greenpeace


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