miércoles, 24 de septiembre de 2025

Cuando el clima sorprende: tornados, granizos y lluvias en Chile

Se suele decir, cuando llueve mucho o muy fuerte, que “llueve a la antigua”. Lo escucho desde niño, hace ya varias décadas, y como lo que se hereda no se hurta, hoy lo uso yo y también muchos que compartimos haber nacido bastante antes del presente.

Un presente extraño en lo climático: cada vez son más frecuentes las trombas y hasta los tornados. En Linares, Región del Maule, uno de estos fenómenos causó destrozos la tarde del sábado 20 de septiembre, cuando aún seguían las celebraciones de Fiestas Patrias.

Junto al tornado, granizos del porte de una moneda de diez pesos sorprendieron a más de uno, incluidos los presentadores de noticias, especialistas en poner cara de asombro a cualquier gráfico del meteorólogo de turno.

A mí me tocó la parte ruidosa de la fiesta: truenos que nunca había escuchado tan fuertes, al punto de soñarlos. Esos sueños que parecen reales, con sonidos y sensaciones de tragedia. Desperté con esa inquietud y al prender los noticieros —olvidé incluso la Fórmula 1— me encontré con escenas del sistema frontal: casas destruidas, árboles arrancados de raíz, techos en las calles, cortes de luz.

El noticiero, más espectáculo que información, se empeñaba en transmitir angustia en lugar de datos útiles. En estudio, un meteorólogo —del que no dudo sus capacidades— debía explicar con peras y manzanas lo evidente. Y entre despachos en vivo, mostraban imágenes de fondas inundadas, fonderos afectados y celebraciones que resistían pese al mal tiempo.

Mientras desayunaba, pensé: “llueve como a la antigua”. Pero no. La lluvia es de siempre; lo nuevo, al menos para Chile, son los tornados. Ya no hablamos de esos remolinos inofensivos de polvo que uno veía en patios o calles, sino de vórtices que bajan de las nubes al suelo, como en Estados Unidos, pero a la chilena: más chicos, sí, pero igual dañinos.

Y dañan porque, como alguien dijo, Chile está muy preparado para terremotos y tsunamis, bastante para incendios forestales, poco para inundaciones y nada para esta nueva realidad que ya asoma. La naturaleza, en su generosidad, nos está dando pistas de lo que viene.

Y si de inventar la rueda se trata, bien podemos comenzar por lo obvio: en los hogares identificar el rincón más seguro, reforzar techumbres y conversar en familia un plan básico de emergencia; a nivel local urge que municipios y comunidades cuenten con sistemas de alerta, educación preventiva y espacios que sirvan de refugio rápido; y a nivel país, no queda otra que incorporar los tornados en los protocolos de Senapred, actualizar normas de construcción y potenciar el monitoreo meteorológico. No porque sean frecuentes todavía, sino porque ya dejaron de ser una rareza y es mejor adelantarse a los golpes de la naturaleza que seguir lamentando sorpresas.

Es, sin duda, una advertencia. Una que las personas comunes solemos escuchar, porque nos toca directamente. Pero son las autoridades —más aún en un año electoral— las que deben hacerlo. No pueden dejar para mañana, o para otro gobierno, lo que hay que resolver hoy: prepararse para responder a tornados y a las sorpresas menos agradables que el cambio climático traerá al país.

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