domingo, 28 de diciembre de 2025

Qué fue de la industria no contaminante, el Turismo

Algunos años atrás aunque parece que fue hace mucho más tiempo— se hablaba de una
industria sin chimeneas para referirse a aquella que no contaminaba, que no lanzaba humo a la atmósfera, en resumen: una industria que no dañaba el medio ambiente. La industria ideal, el Turismo.

Y por muchos años creímos que era así. Veíamos el ir y venir de personas de un lado del mundo hacia otro, de una ciudad en un país a otra ciudad, en busca de relajo, esparcimiento, cultura y aventura. ¿Los beneficiados? Pues ¡todos!, obviamente las personas que viajan y, sobre todo, quienes les brindan servicios para que su experiencia sea la mejor, cosa que quiera volver, recomiende el destino, idealmente ambas cosas. Esta prestación de servicios va desde el traslado desde el lugar de origen al destino y los traslados en el lugar de estadía; principalmente el alojamiento, la alimentación, los “souvenirs” y más de alguna cosa que se me queda en el tintero.

Las ciudades y localidades de destino se preparan durante el año para la época de mayor visita de turistas: organizan o mejoran sus festividades, crean carnavales, festivales, etc. En Chile, por ejemplo, son famosos los festivales dedicados a alguna fruta u hortaliza de estación o, en mi opinión, los vergonzosos “cualquier cosa más grande del mundo”. La última que escuché fue algo relacionado con las cholgas, y seguro para Fiestas Patrias habrá más de una iniciativa. No sé, quizá el anticucho o el terremoto más grande del mundo —me refiero a ese trago con pipeño, helado de piña y granadina—. En fin, hay actividades y destinos turísticos para todos los gustos y bolsillos.

Hoy sabemos que esta industria no es tan inocua. Quizá no lanza directamente humo a la atmósfera, pero sí lo hacen los medios de transporte que emplea. Por ejemplo, los viajes en avión son responsables del 2,5 por ciento de las emisiones globales, y el turismo en general es responsable de un 8–9 por ciento de los gases de efecto invernadero (GEI).

Ahora bien, el impacto del turismo en el medio ambiente no solo tiene que ver con las emisiones de GEI. Aparte del aire, contamina el agua mediante los residuos de los hoteles; afecta a los ecosistemas, pues muchas veces la infraestructura necesaria para esta actividad fragmenta hábitats, aislando poblaciones animales o vegetales, un daño irreparable. Eso sin considerar a los turistas que alimentan fauna o que intervienen directamente en el desarrollo de las relaciones entre especies. También está la generación de residuos: la enorme cantidad de basura que pueden llegar a producir y que no siempre se recicla. Y, por último, la intensidad en la demanda de recursos limitados, donde el agua es el más importante. En este punto agrego el alojamiento, ya que se han levantado movimientos ciudadanos en algunas ciudades de Europa en contra de la excesiva llegada de turistas, que hace que los precios de la vivienda se disparen, perjudicando directamente a la población estable.

Ejemplos del impacto del turismo masivo hay muchos, recuerdo en particular lo grotesco de las más de 200 personas haciendo fila a 8 690 metros... suena a photoshop, pero pasó en el Everest en 2019: esperaron horas para llegar arriba, y varios no aguantaron el descenso. Un atasco en pleno aire enrarecido. En Chile quizá no veamos eso, pero sí senderos boscosos sobrepoblados: en el Parque Los Nevados, por ejemplo, el suelo ya está compactado, el follaje pisoteado y la flora frágil sintiendo el paso constante.

No estoy en contra del turismo; el intercambio de vivencias enriquece al ser humano. El viaje queda en tus fotos, videos y recuerdos, y las huellas negativas en ciudades que ven encarecida la vivienda, los alimentos y otros servicios para los residentes habituales, y también en los ecosistemas, que muchas veces se ven irreparablemente dañados.

Como se ve no es necesario tener chimeneas para contaminar, y el turismo de masas es una prueba dramática de ello.

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