domingo, 4 de enero de 2026

Riesgos que dejamos pasar

A diario pasan situaciones que creo merecen la pena comentar porque se alejan de lo que debiera normalizarse.

Parto, personal de mantención de parques y jardines urbanos, jardineros municipales, personas de mediana edad hacia arriba con chalecos reflectantes regando los parques a horas en que el sol empieza a generar estragos, calienta el aire y la superficie de ahí rebota hacia un indefenso trabajador, porque dudo que el chaleco reflectante, reflecte también la nociva radiación solar, es más un insumo para los vean. Esta exposición supone la lenta progresiva y muchas veces letal de agentes cancerígenos, de los cuales probablemente el empleador nunca se hará cargo.

Por otro lado regar en horas donde “caregallo” arrecia también supone, no supone, genera un daño a la vegetación, el agua se calienta y daña los tallos del pasto del que tanto gustan, un resumidero de agua verde, y plantas, acortando su vida útil, y lo digo así tal cual porque árboles y demás vegetación parecen ser tratados como bienes desechables.

Al menos 3 veces por semana pasa el camión que recoge los residuos domiciliarios, dicho en palabras simples el camión de la basura, colgando tras de él y expuestos a todos los desechos van los recolectores, aquellos que toman las bolsas de basura, muchas veces no bien cerradas y las dejan, en realidad las arrojan al depósito del camión una especie de tolva que una vez llena sube y deja los desechos en el interior de la “bodega” del camión, recuerdo que de niño, hace ya algunos años, me gustaba ver como el camión hacía semejante hazaña, hoy me fijo en lo desprotegidos que están quien se encargan de la recolección pura y dura, sin guantes, sin casco, sin overol, sin mascarilla, sin zapatos de seguridad, capaz que sin vacunas que los inmunicen en algo contra el sin fin de agentes que los pudieran afectar, entiendo que los insumos se los dan y muchos no los usan porque no son cómodos, creo que yo es mejor estar incómodo en el trabajo que en la comodidad de una cama clínica del hospital aquejado de quizá que cosa, en este caso al menos hay una ley la 21776  de ¡2025! Recién de ahora, y se supone que hay un parlamento bastante bien pagado para que hagan leyes como esta que debió haberse hecho a lo más a fines del siglo XX.

Trabajadores de construcción, no de edificios o grandes grupos de vivienda, aunque nunca se sabe, pero más en proyectos de mejora de casas particulares, “maestros sin cascos, sin guantes, sin calzado adecuado, muchas veces al soldar sin protección en los ojos, y que hablar de protección nasal y auditiva, la construcción a toda escala no se caracteriza por ser silenciosa. Y ¿qué pasa si se accidentan? nadie te responde, a veces ni seguro tienen, a veces parece que la ley existiera solo para mirar desde lejos. Y sin embargo ahí están, sobre andamios que crujen, soldando sin careta, martillando sin tapones, todos con el sudor pegado a la frente, la piel roja del sol o de la chispa que salta, y uno pasa y mira y sigue su camino, como si no fueran personas, como si fueran muebles o máquinas. Y mientras tanto, abajo, los peatones esquivan ladrillos, cables, restos de cemento, pensando que esto es normal, que la construcción es ruido y polvo y calor y que los que trabajan ahí… bueno, que se arreglen como puedan…

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