domingo, 11 de enero de 2026

Ocultar para preservar


Existe un dicho que reza más menos así “Conocer para cuidar” y quiere decir que necesitamos entender algo, sus necesidades y su valor para tomar acciones concretas para su protección a largo plaz
o y sea el ente a proteger material o inmaterial, como puede ser el lenguaje.
Saco a colación esta vieja frase por varios casos algunos que ocurren desde hace décadas, como el rayado del patrimonio cultural, aunque en muchos casos quienes vandalizan saben en qué lo harán y por ende la mayor o menor notoriedad de “su obra” -del daño provocado-.
En lo que dice relación con la temática de Reflexiones en Verde, el énfasis va por la insana curiosidad, la enfermiza costumbre de querer aparecer, de dejar marca o de tener un recuerdo de algo por naturaleza valioso.

En un necesario esfuerzo de divulgación y la real intención de fomentar el cuidado, cada cierto tiempo se difunden imágenes por ejemplo de un Pudú blanco, no necesariamente albino, el cual por sus características únicas es digno de asombro y admiración.

Creo que debe ser la naturaleza y solo ella la que accione sobre él, determinando la supervivencia o no de este y quien sabe quizá el inicio de una nueva variedad de Pudúes blancos.

Asombroso es, pero peligroso para el mismo por ser más visible para sus depredadores en un ambiente que no es blanco, y más aún porque al conocerse la noticia alienta a los “cazaclics” a ir tras la foto del animal, para lo cual no dudaran en alterar su ambiente y ya sabemos lo que pasa luego.

Lo mismo ocurre cuando se habla de lugares prístinos, limpios de contaminación – no necesariamente de intervención humana – parajes y paisajes dignos de lucir, de mostrar para que nos sintamos orgullosos de las bellezas de nuestra patria, que de seguro a poco andar y como no se puede proteger todo serán víctimas de más de un turista inescrupuloso.

Y así sin que sea necesario escarbar tan profundo pueden salir más casos a la luz. Imagino saben del denominado “coigüe abuelo” del que dicen notas de prensa es milenario y renglón seguido dicen que tiene aproximadamente 600 años, (o sea no es milenario como si lo es el alerce), y que aparte de su edad es conocido por su gran tamaño por cierto todos los coigües adultos tienen gran tamaño.

Este decano de los árboles que salió a la luz hace poco en parte por su longevidad, quizá lleva en su interior el secreto de la “vida eterna” tan anhelado por muchos, y también porque seguro sus anillos de crecimiento son celosos guardianes de los cambios en el clima de sur de Chile, cuestión no menos importante hoy que luchamos contra el calentamiento global.

Traigo a colación “al abuelo” porque hace unas semanas fue maltratado, iba a decir vandalizado, pero me guardo esa palabra para objetos inanimados, una o varias personas extrajeron parte de su corteza, y quizá fue usada en una fogata o en el mejor de los casos hoy la lucen como un mal habido recuerdo de un día de turismo.

Pero ¿Qué tanto escándalo, si solo es un pedazo de corteza?

La corteza es la piel del árbol, su primera defensa frente al entorno. Al dañarla, se abren puertas a infecciones y, en casos como este, a un anillado parcial que puede debilitar gravemente al ejemplar o incluso causarle la muerte.

CONAF señala que “Extraer corteza, dañar, mutilar o intervenir especies nativas dentro de áreas silvestres protegidas es una infracción grave, sancionada por la Ley 20.283 sobre Recuperación del Bosque Nativo y Fomento Forestal. La normativa establece multas que van desde 5 hasta 50 Unidades Tributarias Mensuales (UTM) por cada árbol afectado, además de la posibilidad de decomiso del material extraído. En casos de mayor gravedad o cuando existe daño significativo al ecosistema, los infractores pueden ser obligados a reforestar y quedan expuestos a acciones penales, especialmente cuando el daño es intencional.”

Misma institución que se querelló contra quienes resulten responsables de esta acción, en  Y de verdad me encantaría que se supiera quiénes fueron y que sean expuestos ante la opinión pública como delincuentes ambientales.

El rol de las instituciones públicas y privadas dedicadas a la protección del patrimonio es asegurarle a este las mejores condiciones para su normal desarrollo, en el caso de animales y vegetales y su entorno y para ello una de las herramienta que tiene es la difusión de lo que hay, y donde se encuentra, pero con solo mostrar y decir cuida no es suficiente, se debe educar, ya que si mostramos nuestra riqueza natural o patrimonial y no educamos, muchos, por ignorancia, la dañarán.

Si mostramos esa misma riqueza y no explicitamos las sanciones para quien la dañe, otros, por simple maldad, lo harán.

Ambos casos nos empujan a una conclusión incómoda: en ciertos casos, quizás sea mejor ocultar para preservar.

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