Seguro sus hojas y ramas terminaron en los herbarios de muchos hoy colegas Ingenieros Forestales formados en la Universidad Católica del Maule y en la de Talca.
Pronto ese árbol ya no será parte del paisaje habitual de todos quienes pasemos y paseemos por la plaza, y esta vez no por negligencia, un accidente o una apurada y mala decisión en pos de la modernización de espacios públicos, ya saben a que me refiero, esa modernidad que saca vegetación y en su lugar pone concreto.
En la literatura técnica se describen formaciones de Peumo en estructura de monte bajo con edades del orden de los 30 a 40 años, pudiendo encontrarse individuos cercanos a los 50. Sin embargo, aquello se refiere al bosque como sistema y no al árbol como individuo. Ejemplares aislados, especialmente en entornos urbanos, con menor competencia y cierto grado de protección y manejo, pueden alcanzar edades muy superiores. (INFOR,2012)
Algo similar a lo que ocurre con muchos animales en cautiverio: bien cuidados, viven más que en estado silvestre.
Ahora dada su edad existe un deterioro esperable, daños por factores del medio, -clima- y seguro por insectos y hongos lo que en definitiva condiciona la salud no solo de este sino seguro de buena parte de los árboles de la plaza de armas.
Si lo anterior lo sumamos al lugar donde está se generan condiciones de riesgo para las personas, un desganche no es cosa menor, y con lo imprevisible que se ha vuelto el tiempo, hasta una lluvia torrencial bien podría hacerlo caer.
La decisión tomada por el municipio fue consultada a organizaciones ambientales de la ciudad, como el Club del Árbol de Talca, y CENEU -Conservación de Especies Nativas en Entorno Urbano- y sobre las cuales no podría objetar las competencias que tienen al respecto y que de no tenerlas seguro con humildad se hicieron asesorar por quienes si entiendan. Y entiendo no queda solo en la eliminación del ejemplar, sino que se reemplazará con especies nativas, no sé cuales, pero ideal sería “Peumo por Peumo”, ojalá de las semillas del mismo. O bien por alguno que ya crecido lo reemplace.
Más allá de dichas consideraciones me imposible no pensar en todo lo que “vio” el Peumo, Desfiles de colegios y militares, protestas, matrimonios y funerales, está a pocos metros de la catedral de Talca, personas paseando, niños jugando a su sombra o cerca del mismo. El pasar de cientos de miles, sino por la edad que se le atribuye de personas camino a la universidad, yo uno de ellos, otros tantos a hacer trámites a sus trabajos o camino a encontrarse con amigos para pasar un buen rato en los locales cercanos.
Quizá cuantas parejas empezaron bajo su sombra, quizá cuantas terminaron en el mismo lugar. Cuantos llantos habrá consolado, cuantas alegrías se habrá sumando, cuantas veces vio bajar y subir al equipo de la ciudad, misma que vio caer y pararse tras cada terremoto, el del 2010 sin ir más lejos. Una enorme historia a la que rindo en estas letras un pequeño homenaje.
Pero surge una pregunta, ¿Qué hacer con la madera? Yo feliz conservaría una rodela, pero más allá de lo que quisiera, me sumo a la idea de un usuario de Facebook, en torno a donar la madera a un escultor local para que con ella haga una escultura que rinda homenaje al Peumo y por su intermedio a Talca.
Y más científico ¿Por qué no hacer un estudio de anillos de crecimiento, -dendrocronología-?, para ver cómo era el clima en Talca más de 150 años atrás. Y así se ocurren muchas cosas, como exponer en la municipalidad una rodela del mismo. Y así no olvidar que la vegetación es parte indispensable de nuestro diario vivir.
Y queda abierta una pregunta incómoda: ¿el valor de un árbol está en su edad y su función ecológica, o en la historia que somos capaces de contar sobre él?

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