El concepto anterior se usa muy a menudo para referirse a fenómenos geológicos y atmosféricos que alteran el paisaje, y corresponderían a terremotos, volcanes, tsunamis, huracanes, tornados, inundaciones, sequías e incendios y donde los elementos que más destacan son el agua y el fuego ambos indispensables para la vida en el planeta.
Sin agua ni calor no hay vida; sin agua ni calor no se propaga la vida, y sin ir más lejos una vez que hay vida sin agua ni calor esta no prospera. O acaso no cocinamos nuestros alimentos en una virtuosa mezcla de calor y agua.
Los fenómenos citados han esculpido y de cierta manera preparado el planeta para la vida, es más hoy estas fuerzas naturales parecieran ser menos intensas que hace miles de millones años cuando una joven roca que hoy llamamos Tierra empezaba a girar en torno a una estrella amarilla que denominamos Sol.
Así lo muestran registros geológicos en todo el mundo, los que también muestran la evidencia de un gran cataclismo al que se le atribuye la extinción de cientos de especies vegetales y animales, los dinosaurios los más conocidos.
Con el devenir de la civilización, el ser humano pasó de recolector/cazador a agricultor y finalmente a creador de contenidos para redes sociales. Dando un paso muy importante el establecerse. Comenzó a construir casas de materiales, formas y tamaños diversos, más toda la infraestructura que la rodea: lo que llamamos ciudades.
Fue quizá en ese momento cuando estas fuerzas al actuar destruían parcial o totalmente asentamientos, pero no con el afán de hacerlo, sostengo que las fuerzas que destruyen con afán son las que como especie hemos creado y liberado contra la naturaleza y peor aún contra nosotros mismos.
No niego un huracán destruye, una inundación destruye o que una gran nevada destruye. Son fuerzas naturales en las que el ser humano ha logrado influir, deforestación y calentamiento global de por medio, han hecho de estas más frecuentes e intensas.
Y si me remito a los incendios forestales que hoy dañan, devastan parte del centro sur de Chile y otras tantas zonas en el mundo. El fuego pasó de un elemento regulador a uno que daña. Lo que deja a su paso tardará cientos de años en recuperarse, para lo cual necesitará de la ausencia de nuestra especie, que debe aprender a contemplar más que a intervenir.
Dudo que el ser humano tenga alguna injerencia sobre terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, aunque se rumorea de las llamadas superpotencias tendrían la tecnología para generar pequeños tsunamis y sabemos que estos aunque sean pequeños destruyen.
Creo que estos fenómenos más que destruir transforman, cual teorema de conservación de la materia de Lavoisier, en la naturaleza nada se pierde, solo se transforma, sino fuera por ello viviríamos en un planeta muy distinto al que podemos habitar, o quizá sin esas fuerzas ni siquiera hubiera existido vida en el planeta.
Por todo lo anterior sostengo que es incorrecto decir fuerzas destructivas de la naturaleza, lo correcto es decir fuerzas transformadoras de la naturaleza.
¿o no, GAIA?
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