Quizá más de algún vecino ha tenido que trabajar dos veces, limpiando parte de la basura que queda en la calle luego del paso del camión recolector, ya saben lo de poco prolijos, y también antes de que los recolectores hagan su trabajo, ya que fueron víctimas de vándalos de cuatro patas, los perros callejeros.
Por perro callejero entendamos los que tienen dueño y los que no. Seres que deambulan por nuestras calles en busca de alimento, agua y afecto. Perros que llegan a la basura a comer y para ello no les queda más que romper las bolsas. Perros que responden a un fuerte instinto, el hambre, el animal en cuestión no lo razona solo sabe que tiene hambre y que tiene que buscar que comer. Muchas veces este no está solo, sino acompañado de su “pandilla” , otros como el de tamaños y colores variados que responden al mismo instinto y que se unen a la búsqueda del botín donde el más hábil o el más fuerte disfrutará antes que el resto.
Esta condición a parte de un problema sanitario -basura suelta en las calles atrae moscas y quizá roedores, y ninguno de esos es deseable para nuestro diario vivir- representa un problema de seguridad ya que puede morder a una persona, y lo peor, si solo un perro “huele el miedo” puede atacar en solitario o en jauría, con consecuencias para las personas tan graves como impensadas
Creo estamos frente a una consecuencia de la tenencia irresponsable de mascotas, un perro con dueño no debe deambular solo por las calles, no debe tener sed ni hambre que saciar. Es un resultado más del abandono animal, que despierta el mayor de los instintos, presente en todos los seres vivos, el de supervivencia. Y en cuanto a la basura en las calles, responde al descuido, a la falta de tiempo de la actualidad, quizá a la falta de recursos económicos, pero es una práctica que debemos y podemos evitar. En lo que dice relación al abandono animal, al parecer no hay ley ni autoridad que pueda hacer algo realmente efectivo.
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